Rodrigo Borja

Feminismo

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11 de March de 2012 00:03

La discriminación de la mujer data de los más remotos tiempos. Las religiones proclamaron la superioridad del hombre sobre la mujer. Ocho siglos antes de nuestra era el brahmanismo enseñaba que “para la mujer no hay otro Dios en la Tierra que su marido”. Zoroastro, entre los siglos VIII y VII a. C., sentenció que “la mujer que no obedece a su marido cuatro veces es digna del infierno”. El judaísmo mandaba que “la mujer debe obedecer a su marido, evitar la cólera, las pendencias y permanecerle fiel”. En la Biblia consta que san Pablo se dirigió a los efesios (V, 22, 23 y 24) para disponer que “las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Señor, por cuanto el hombre es cabeza de la mujer así como Cristo es cabeza de la Iglesia". El mismo san Pablo, dirigiéndose a Timoteo (II, 12 y 13), manifestó: “No permito a la mujer el hacer de doctora en la Iglesia, ni tomar autoridad sobre el marido; mas estése callada en su presencia, ya que Adán fue formado el primero y después Eva como inferior”. Seis siglos más tarde el Corán proclamaba:

“Dí, oh profeta, a las mujeres creyentes que los hombres son sus superiores porque Dios mismo lo ha establecido”.

Los filósofos de la Grecia clásica profesaban un profundo menosprecio por las mujeres. Sócrates las ignoraba, Platón les negaba todo espacio, Aristóteles sostenía que ellas “poseen una naturaleza defectuosa e incompleta”.

En las leyes romanas —base de la legislación occidental— la mujer era una “posesión” del marido. Y la "potestad marital", que era la autoridad del marido sobre la mujer y sus bienes, entrañaba una subordinación absoluta de la mujer.

Pero en el Renacimiento, valientes escritoras se atrevieron a condenar el ambiente misógino de la contrarreforma católica —Lucrezia Marinelli, Moderata Fonte y Arcangela Tarabotti— y nació el feminismo, como ideología y movimiento reivindicador de la mujer.

Los países musulmanes son los más atrasados en conquistas femeninas. Aun hoy niegan a las mujeres el derecho de votar. En Afganistán se prohibió en 1998 que ellas trabajasen o estudiasen y en el Irán del ultraderechista Mahmud Ahmadinejad persiste la pena de lapidación para el adulterio femenino.

El movimiento feminista inició su lucha por el sufragio a fines del siglo XIX. Fue en los EEUU donde primero se consagraron los derechos electorales femeninos. Le siguieron Nueva Zelandia (1893), Australia (1902), Finlandia (1906), Noruega (1913), Dinamarca (1915), Holanda y la Unión Soviética (1917), Canadá y Luxemburgo (1918), Austria, Checoeslovaquia, Alemania, Polonia y Suecia (1919), Bélgica (1919), Ecuador (1929), Sudáfrica (1930), España (1931), Brasil y Uruguay (1932), Turquía y Cuba (1934), Francia (1944), Italia y Japón (1946), China y Argentina (1947), Corea del Sur e Israel (1948), Chile, India e Indonesia (1949) y los demás países.