Jorge G. León Trujillo

Estatizar o privatizar

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26 de November de 2012 00:02

¿Cuál es en realidad la posición de Correa sobre el rol del Estado y la empresa privada? Desde que es presidente ha tenido numerosas declaraciones al respecto, no siempre concordantes, a veces contrapuestas, pues a ratos indica que defiende al sector privado, al ‘bueno’ claro está, y a otros pondera las virtudes del Estado o de las empresas públicas, para luego indicar que ante su ineficacia contratará a la empresa privada nacional o internacional. No hace mucho cuando se quejaba de la corrupción en la distribución de medicinas o en la gestión de hospitales, indicó que contrataría empresas internacionales para hacerlo. Al inicio de su mandato, cuando él se dotaba de una imagen de izquierda, solo juraba por las empresas públicas en el área petrolera pero terminó contratando a empresas privadas, o cerrando los ojos ante la muy primaria explotación capitalista de las empresas chinas, sin considerar su negligencia con el medioambiente o su dudosa eficacia.

En los hechos, avanzamos a un matrimonio sostenido con la empresa privada, con mayor regulación como en la mayor parte de países de Europa y Norte América, en particular los de tradición social-demócrata. Pero el discurso pretende otra cosa. No es excepcional que cuando se acercan las elecciones o toma de decisiones contradictorias, Correa se haga rojo, de izquierda, y después cambie de color.

Sin embargo, al menos convendría precisar ciertos temas álgidos, como los espacios del Estado, la sociedad y la empresa privada. Correa en su persistente disputa con la prensa, dio un paso más; afirma que la información es un derecho y como las empresas de prensa buscarían lucro mas no garantizar el derecho, “por qué no puede ser una función del Estado, como la justicia” (El País). Con este argumento, para qué dudar, ya sería hora de estatizar al estilo de lo que fue Europa del Este. Pues todos los derechos, los de la persona y los colectivos implican al conjunto de actividades empresariales. Recordemos que la alimentación es un derecho, asumido por empresas privadas, las del campesino y de las empresas, las agrícolas, las que elaboran derivados lácteos, fideos, pesca, enlatados, bebidas gaseosas, jugos, cárnicos, etc. Lo mismo puede decirse del ambiente, de la comunicación en general, de la cultura y la ciencia, de la educación, del hábitat y vivienda, de la salud, del trabajo y seguridad social (incluye seguros privados) y de toda la movilidad humana, entre otros derechos.

Más valdría estar claros en las reglas del juego, para que todo el mundo sepa a qué atenerse. Para una sociedad como para una persona, la incertidumbre es la peor consejera. Ya que Correa ha suscitado la idea que hay esperanza, esta no puede ser simple ideal o concretarse con ofertas generosas únicamente, sino definir un horizonte al cual atenerse.