Gonzalo Maldonado

Elogio de la píldora

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7 de April de 2013 00:01

Es valiente y acertada la decisión del Ministerio de Salud de entregar gratuitamente 'Píldoras del día después' (PDD) a niñas y mujeres mayores de 12 años.

Es, en primer lugar, una medida valiente porque contradice la creencia pseudo-científica -tan arraigada en nuestro país- que asegura que esas pastillas son abortivas. Y es más valiente aún porque desoye los prejuicios moralistas de quienes dicen que el consumo de esas grageas sólo promoverá un comportamiento licencioso en la sociedad ecuatoriana.

Desde el punto de vista médico, el embarazo se produce cuando un óvulo fecundado por un espermatozoide se implanta en el útero de una mujer. Las PDD no son abortivas porque no tienen efecto alguno sobre un óvulo implantado y, por tanto, no interrumpen o malogran un embarazo. Lo que hacen las PDD es evitar que se produzca un embarazo, es decir, impiden que el óvulo fecundado llegue al útero.

Hay quienes dicen que impedir que un óvulo fecundado se implante en el útero de una mujer ya es un acto abortivo. Aquellas personas tienen derecho a pensar así, pero no deben perder de vista que bajo aquella lógica todos los métodos anticonceptivos serán abortivos porque todos ellos pueden impedir que el óvulo fecundado llegue al útero. (Incluso el método natural de 'el ritmo' sería abortivo porque el cuerpo de la mujer elimina espontáneamente cerca de la mitad de sus óvulos fecundados).

Distribuir gratuitamente PDD también es una decisión correcta porque evitará que miles de mujeres de escasos ingresos y poca educación sean condenadas a la pobreza y al repudio social porque se quedaron embarazadas sin proponérselo. Todos los años, chicas de entre 15 y 20 años dan a luz sin tener las condiciones económicas necesarias para mantener a sus hijos. Aquellas mujeres deben renunciar a toda posibilidad de educarse y aceptar cualquier trabajo -por mal remunerado o físicamente extenuante que sea- para contribuir a la manutención de su nueva familia.

Madres solteras en su inmensa mayoría, estas chicas también deben luchar contra el prejuicio social. Como tuvieron hijos sin casarse y como no consiguen marido, muchos las tachan de 'mujeres fáciles', de débil catadura moral. Si ellas no encuentran cobijo en su familia extendida -conformada por padres, hermanos, tíos, etc.- corren el riesgo de convertirse en unas parias sociales que acarrearán heridas sicológicas y emocionales por toda su vida.

¿La 'Píldora del día después' no hará más promiscuos y lascivos? Lo dudo mucho. Seguramente evitará el sofoco de alguna pareja de novios o amantes que no tomaron las precauciones debidas a la hora del amor. Pero de ahí a asegurar que una pastillita de colores cambiará drásticamente nuestra conducta sexual es totalmente absurdo.