Editorial

LOS HOSPITALES PÚBLICOS

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22 de June de 2011 00:02

El motivo principal por el que los seres humanos se agrupan en una sociedad organizada es la atención a las principales demandas colectivas. De manera prioritaria la salud y la educación.

Durante los cuatro años, el presente Régimen ha contado con abundantes recursos económicos, como no ha sucedido en anteriores períodos. La propaganda oficial insiste en el incremento del gasto en el área social. Coincidiendo en que la salud y la educación públicas son primordiales, y sumando a ellos la obra pública, hay que poner especial atención en la calidad del gasto. No basta con anuncios publicitarios, ni con la compra de equipos sin suficientes médicos y operarios que los pongan en funcionamiento. No se trata de construir infraestructura sin planificación, estrenar grandes superficies y cortar las cintas en ceremonias pomposas.

Es importante, sobre todo, atender a una planificación regional adecuada, optimizar los recursos, que son un bien que nos pertenece a todos y distribuir los centros y subcentros de salud de modo equidistante y organizar el traslado de las personas a los grandes hospitales solo cuando sea indispensable, para evitar una inútil congestión. Por ejemplo, por el hospital Abel Gilbert de Guayaquil pasan 3 000 personas cada día. Se habló de comprar edificios privados y apenas se ha abierto un servicio móvil con 200 camas (estadio Alberto Spencer).

En Quito no se construye un hospital desde el Enrique Garcés (sur, 1983) y antes el Pablo Arturo Suárez (norte, 1961). Este último muestra humedad en sus paredes y las calderas duplican su vida útil. Las operaciones se suspendieron hace un mes en el Baca Ortiz y el Eugenio Espejo.

La salud no es cuestión de discursos ni demagogia. Las demandas populares son urgentes. No deben esperar.