3 de March de 2011 00:00

Doble moral

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Lo he dicho y lo repito: no me debo a nada ni a nadie. Más son los dolores de cabeza y los agravios que me han caído que los reconocimientos que he recibido cuando he opinado con la libertad a la que creo tener derecho, y más en un diario independiente como es EL COMERCIO. Lo señalado, a sabiendas de que mis puntos de vista los expongo en microensayos, como así definió mis artículos el ilustre educador Emilio Uzcátegui, y porque conservo en mi memoria la opinión del maestro Gregorio Marañón: “Lo más serio que hacemos los hombres es ensayar y ensayar”. Aproximarse a la verdad proponiendo explicaciones, rectificándolas de ser el caso, ensayando otras.

La invasión a Iraq se la justificó con pruebas que demostraban que armas de destrucción masiva en manos de Saddam Hussein era una amenaza letal para el mundo libre. El país, rico en petróleo, fue tomado a sangre y fuego. Líderes políticos a la cabeza de las corporaciones, las transnacionales angloamericanas, hallaron así el camino expedito para controlar el petróleo del país conquistado a tiempo que sus tesoros culturales despertaron su codicia. Un negocio redondo con un final de oprobio: aquellas pruebas no existían.

Que Gadafi sea un déspota que lleva 42 años en el poder, que haya conculcado las libertades del pueblo libio y su fortuna sea como para producir vértigo, no creo que sean motivo de angustia o insomnio para ningún europeo o norteamericano. Han continuado durmiendo a pierna suelta pese a que sus países escribieron páginas de horror en la historia de los pueblos africanos. La portentosa acumulación de capitales que se dio, y se da, en los países industrializados corrió a la par con el subdesarrollo empantanado de los africanos.

Hoy en Libia, como ayer en Iraq, es la sed de petróleo de las industrias de los países desarrollados la razón de la invasión que se avecina. Caerá Gadafi al igual que cayó Mosadegh por defender el petróleo iraní. Ayer fueron las armas de destrucción masiva, hoy las libertades de los jóvenes libios, mañana ¿cuál será la justificación? Una historia impúdica: la doble moral de los poderosos. Nigeria: un país riquísimo en petróleo y gas en manos de compañías extranjeras; “la mayoría de los nigerianos vive con menos de un dólar al día”; miles de niños minusválidos a causa de la poliomielitis, enfermedad erradicada en el resto del mundo; la inestabilidad política, un sucederse de hechos de espanto, con asesinatos “que no pudieron ser contados” y la llegada al poder de saqueadores de los bienes públicos, para quienes los derechos humanos eran poco menos que nada. ¿Hay alguien que le importe un comino la situación del pueblo nigeriano? Lo que yo me temo es que en una jugada maestra de las corporaciones los precios del petróleo caigan en picada, y a los ecuatorianos nos signifique el final de nuestros planes de desarrollo.

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