Gonzalo Maldonado

Diario de un incaísta

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23 de December de 2012 00:01

De alguna manera, la historia del señor Pedro Delgado me concierne en lo personal: yo sí me gradué de economista en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador e inmediatamente fui aceptado para cursar una maestría en economía empresarial en Incae. Allí fui compañero de Arturo Condo, actual rector de esa institución y la persona que finalmente permitió que este sórdido asunto del título forjado por el primo del Presidente saliera a la luz.

Viví dos años esforzados en el campus de Alajuela (Costa Rica), estudiando muchísimo, durmiendo nada y disfrutando de las reuniones improvisadas que organizábamos los compañeros al final de la jornada –a eso de la 01:00– para jugar billar, tomarnos una cerveza y reírnos de lo que fuera.

Aquellos años en Incae fueron extraordinariamente formativos para mí. Los profesores y los contenidos de cada curso eran verdaderas epifanías para alguien como yo, en aquella época un muchacho que ejercía el periodismo por convicción, leía toneladas de literatura por pasión y anhelaba secretamente entender el mundo para convertirse en escritor.

Recuerdo con especial cariño los cursos de Pedro Raventós, un brillante economista de Harvard, con la rara capacidad de explicar con sencillez diáfana los conceptos más abstractos sobre regulación de mercados o comercio internacional. Todos en mi grupo de estudio lo admirábamos abiertamente. Tener un 4 –la máxima nota posible– con él era considerado por nosotros como una suerte de certificado inapelable de inteligencia y talento.

Sacar buenas notas no era fácil en Incae porque los niveles de exigencia eran muy elevados y la competencia a veces feroz. Si no me equivoco, un tercio de los estudiantes no pudo terminar sus estudios porque estuvo por debajo de los requisitos académicos de la institución.

El código de ética que se practicaba en clase también era muy riguroso: dos compañeros de mi promoción fueron expulsados durante el primer año porque la persona que administraba los exámenes finales les acusó de copiar. Aquel fue un episodio duro que dejó huellas profundas en profesores y alumnos.

Hasta ahora tengo contacto frecuente con la mayoría de mis compañeros de grupo de estudio. Todos ellos ejercen con éxito su profesión en países como EE.UU., Bahamas, Guatemala y El Salvador; en organismos internacionales, bancos y corporaciones. A pesar de la distancia, nos une el recuerdo de esa experiencia extrema y estimulante que supuso para nosotros estudiar en una de las mejores escuelas de negocios de América Latina y el mundo.

El caso del primo del presidente Correa me concierne casi en lo personal porque ha afectado la imagen de esa institución a la que admiro y de la que estoy agradecido.