Enrique Echeverría

Día del Bombero

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Tres vidas humanas y un poco más de 9 millones de dólares cuesta el perjuicio por los últimos incendios forestales. En el Distrito capitalino quemaron un poco más de 1 000 ha de arbustos, pajonales y matorrales.

Cual si fuera un atroz concurso, devastaron árboles y vegetación en Azuay, Bolívar, Tungurahua y otras provincias.


¿Quién provoca el incendio? Hay campesinos que consideran que deben quemar la maleza, antes de la siembra porque, según ellos, la tierra queda fertilizada. 
Pero el gran incendio, el incendio criminal provoca el pirómano, para quien el fuego siempre significa amor.

Expresiones comunes, como “estar enamorado”, es estar ardiendo; el fuego de la pasión; las llamas del amor, muestran la estrecha relación que hay en nuestros pensamientos entre el fuego y el amor”, enseña el enciclopedista Dr. Edward Podolsky, de la Universidad de Nueva York.

La piromanía -continúa- es un impulso sádico que induce al individuo a realizar actos que produzcan sufrimiento y dolor. Como muestra más notable de sadismo se menciona al emperador Nerón, quien incendió la ciudad de Roma, con las consecuencias dolorosas que eran de prever.

El especialista en Seguridad, Roberto Echeverría Villagómez, al referirse a la última catástrofe incendiaria en nuestro país, luego de recordar que el 10 de octubre próximo celebrarán el Día del Bombero Ecuatoriano, destaca que con la implementación del Sistema de Gestión de la Prevención de propiedad del IESS, en el 2014 se han auditado 1 553 empresas.

Pregunta: ¿Está el Cuerpo de Bomberos de Quito entre ellas?
Considera que tanto el IESS como el Ministerio del Trabajo tienen obligación de ejercer rectoría en materia de Seguridad y Salud ocupacional, con acciones correctivas para evitar repetición de pérdida de vidas humanas y daños al medioambiente como los recién acontecidos; establecer responsabilidades en la formación de los bomberos para que tengan seguridad en su trabajo, “pues a fin de cuentas toda lesión ocupacional puede ser prevenida”.

Hay que velar por una debida dotación de herramientas y equipos para combatir los incendios, pues no es lo mismo el incendio forestal, que uno industrial o urbano o marítimo, finaliza.
Que el 10 de octubre del presente año 2015 no solo se reitere el homenaje a los bomberos fallecidos y heridos para que nunca más tengamos que lamentar pérdidas de vidas humanas en el trabajo, y que se haga también extensible la seguridad a toda actividad laboral.

Por leyes no falta. Para castigar a los pirómanos: privación de libertad de 10 a 13 años, según el COIP.
Guardemos en la memoria, con respeto y veneración los nombres de los bomberos sacrificados últimamente: Jonathan Nasimba, Jonathan Dionicio y Marco Vinicio Bastidas. Que su muerte sirva para un cambio profundo de las viejas costumbres.