Monseñor Julio Parrilla

Convocados a caminar juntos

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Es el título de la Carta Pastoral publicada por los obispos del Ecuador ante las próximas elecciones generales. Dicen que en este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, que todo es según el color del cristal con que se mira. Si queremos ubicarnos con claridad ante la Carta, tendríamos que tratar de entender por qué los obispos hablan y qué dicen.

Hablan porque es su obligación, porque no pueden quedarse indiferentes ante la realidad humana, porque tienen el deber profético de acompañar al pueblo, de iluminar la conciencia y la vida de quienes creen y aspiran a construir un mundo más justo, incluyente y humano. No es su finalidad tomar partido ni decirle a nadie qué tiene que votar o hacer. La época de los partidos confesionales (gracias a Dios) quedó muy lejos y hoy, cristianos y no cristianos, tienen que vivir en la libertad de pensar, opinar y actuar según conciencia. En ese ámbito, no del partido, sino de la ética política, la Iglesia también tiene una palabra que decir a todos, a sus fieles, a los actores sociales, a los candidatos y, muy especialmente, a los que un día, por decisión popular, gobernarán el país.

¿Y qué dicen? Que hay que elegir bien, de forma responsable y ética, atentos a los programas y a las mejores respuestas, pero también a los principios morales y a los comportamientos democráticos sostenidos en el tiempo, no sea que nos metan gato por liebre…

A la hora de orientar, los obispos señalan algunas realidades apremiantes que ningún político con aspiraciones de gobierno debería de ignorar. La primera de todas, la pobreza. Más allá de las cifras, los pobres siguen ahí, víctimas de las mil pobrezas que destrozan tercamente el corazón humano. Y, con la pobreza, la necesidad de una vida digna y de promover entre todos el bien común. Eso dice la doctrina social de la Iglesia, y los Papas, y el sentido común: que sin justicia social todo es cuento.

El Estado tiene que promover una economía social y solidaria, pero nunca sustituir la iniciativa privada, la de millones de ecuatorianos que, día a día, luchan por sacar adelante este proyecto de país. La participación y la corresponsabilidad son de todos, solidarios en la necesidad y en la abundancia, como matrimonio bien avenido.

Bueno es que los obispos hablen de compromisos, poquitos, pero sustanciosos. Y el primero de ellos, el compromiso ético. Corremos el riesgo de que un escándalo tape otro y no resolvamos ninguno. Ingenuo es pensar que corruptos son únicamente los demás. El riesgo que corremos no es sólo que el avispado levante la plata, sino que semejante infamia se convierta en subcultura y la gentita piense que todo vale con tal de ganar dinero.

Y tres compromisos más: el respeto a la vida, el cuidado de la familia y el cuidado dela Creación. Porque esos son los espacios en los que la vida se vuelve humana y digna. Eso queremos,… y eso decimos.