Lolo Echeverría Echeverría

Los de antes y los de ahora

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El cambio ofrecido por el presidente Lenin Moreno tomará tiempo, dicen los optimistas que no se rinden tan pronto.

El cambio no vendrá porque el nuevo Presidente es rehén de cuatro estructuras muy poderosas, dicen los pesimistas sin esperar nada para rendirse. Analicemos primero los argumentos del pesimismo.

Es cierto que están intactas las cuatro estructuras más pesadas del correísmo. La primera es la estructura partidista. Lenin es la cabeza del movimiento pero la secretaria orienta el partido en la misma dirección que andaba y con las mismas lealtades. Con las mismas gentes no se puede hacer cosas diferentes y el partido pesa en la asamblea y en otros sectores de gobierno.

La segunda estructura es la burocrática. Son miles de funcionarios que se mantienen fieles a la estructura jerárquica a la que se acostumbraron. Algunos dicen, con dejos de melancolía, que ya se ha relajado el nivel de exigencia y ha bajado la eficiencia.

La tercera es la estructura mediática que sigue trabajando en contra de los enemigos y no los enemigos de ahora sino los de antes; trabaja en contravía de la mano extendida, en contravía de la tolerancia, en contravía del diálogo, pues los jefes son los mismos de antes y los jefes de
los jefes son los de antes.

La cuarta es la estructura económica que se aferra a las mismas utopías de antes, la utopía del Estado padre, autoridad, distribuidor y recaudador. Su tarea es buscar dinero y pedir prestado o tomarlo prestado.

Así avanzamos, según los pesimistas, por la inercia del movimiento que tenía la maquinaria y así seguirá mientras sigan los mismos en los puestos de mando.

Los optimistas no contradicen estas observaciones sino que aseguran que es muy pronto para esperar la ruptura definitiva que creen se producirá irremediablemente.

El optimismo se basa en las señales de humo que hasta ahora ha dado el nuevo gobierno, señales que anuncian la posibilidad de nuevos aliados políticos, nuevos socios para la economía, nuevas estrategias de comunicación.

La primera ruptura fue la de Contraloría. Sin cambio de leyes ni consultas cayó el contralor y no le permitieron que se vaya jalando el mantel como, al parecer, intentaba. El nuevo contralor debe ahora consolidar su autoridad castigando, por ejemplo, a la docena de funcionarios del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, IESS que se burlaron de él y de sus recomendaciones respecto de la deuda de salud.

El juicio iniciado en contra del periodista Martín Pallares nos dará otra pista. Veremos si la estructura judicial marcha todavía en la vieja dirección o si ya se han enterado que hay un nuevo Presidente y que ha establecido nuevos valores y nuevas políticas. La lucha contra la corrupción y el grado de transparencia darán la señal última y sabremos si gobernará la inercia o se producirá la ruptura ansiada.