Lolo Echeverría Echeverría

La base de Manta

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lecheverria@elcomercio.org

El profesor Eloy Ortega tenía fama de vaticinador de terremotos. Cuando se equivocaba nadie recordaba lo que había dicho, pero cuando acertaba su fama crecía. Después de uno de los tantos sismos que hemos sufrido, una señora corría por la calle gritando: yo sí dije que Ortega dijo…

Así ocurre siempre; a posteriori, todos somos expertos en todo. Es explicable que por estos días hayan aparecido tantos especialistas en terrorismo, narcotráfico, secuestros y guerrilla.

La lógica dice que nadie tiene más información que el gobierno y, por tanto, nadie está más habilitado para acertar en las decisiones. Desgraciadamente, de nadie se desconfía más que del gobierno. Siempre sospechamos que algo oculta, que solo hará lo que convenga a sus intereses electorales o a sus inclinaciones ideológicas.

¿De quién fiarnos, entonces, si pensamos que los políticos son oportunistas, los académicos pretenciosos y los ciudadanos desconfiados?

Cualquier ciudadano puede acertar en los diagnósticos y ofrecer buenas ideas para resolver los problemas, con mayor razón los especialistas, pero hay que advertir que nadie cuenta con toda la información. Según los expertos y el sentido común, las claves para manejar una crisis como la que sufrimos son la información (inteligencia), la unidad y la cooperación internacional.

La unidad no es la conducta ovejuna. Las discrepancias son útiles, incluso las que provienen del dolor de los afectados, porque también hay que tomarlas en cuenta para acertar en la toma de decisiones; pero las discrepancias dejan de ser útiles cuando se olvida quién es el enemigo y se enfila contra el gobierno.

Al Estado, representado por el gobierno, le hemos entregado los ciudadanos los recursos y las responsabilidades para protegernos, debemos entregarle también la confianza. Oportunamente tendrá que rendir cuentas.

La inteligencia que es capaz de acumular información certera, es arma fundamental. De la información que se ha hecho pública es posible concluir que Guacho solo sirve para poner nombre al enemigo, pero su captura no resolverá el problema.

El enemigo son los carteles del narcotráfico que controlan la siembra, la producción, el transporte y la venta de cocaína, sobornan autoridades y lavan dinero.

Más importante que poner precio a la cabeza de Guacho es rehabilitar la base de Manta, como base ecuatoriana, con tecnología nueva para vigilar la frontera y vigilar el mar; esto asustaría a los carteles que utilizan a Guacho.

La cooperación internacional también es arma letal para los carteles.

Un Ecuador insertado en la cuenca del Pacífico, con acuerdos comerciales con Estados Unidos, integrado a la comunidad de naciones, un Ecuador limpio de revolucionarios amigos de los mafiosos, asustaría al narcotráfico que nos amenaza con la brutalidad de los guerrilleros disidentes.