Alexandra Kennedy-Troya

Cuentacuentos

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A propósito de la celebración del Día del Libro enhebrado con los ayes de un terremoto terrible, se me han ocurrido algunas ideas que pueden ayudar a coser el alma de nuestros heridos compatriotas. La urgencia de las necesidades básicas como comida, alimentos y un techo bajo el cual dormir, no elimina la básica necesidad de construir la esperanza, de dejar atrás el espanto y volver a reír o soñar. Todo lo contrario…van juntas. Y acá viene bien la historia de Sant Jordi, o Jorge, antiguo patrono de Barcelona, quien salvó a la princesa y mató al dragón de la laguna, monstruo que había cobrado decenas de vidas humanas y animales. En esta ciudad se le asocia el día de la amistad y los libros; y desde 1930, el Día del Libro, el 23 de abril, está vinculado con las muertes de Cervantes y Shakespeare.

Un buen libro, decía el iluminado inglés John Ruskin, no solo se escribe para multiplicar y transmitir la voz, sino también para perpetuarla”. Breves o largas, las ficticias narraciones pueden movernos el piso, cambiar de rumbo nuestras vidas, remontar nuestra imaginación, paliar las tristezas. Un buen libro de cuentos o historias transmitidas oralmente convocan la atención de una comunidad de niños o adultos. Pongo el centro en los cuentacuentos o cuenteros, modernos trovadores del arte oral de compartir historietas. Prisioneros de las historias que narran, fabuladores, mitad lectores, mitad teatreros, pueden y de hecho hacen las delicias del público que durante sus narraciones actuadas en muchas ocasiones, reciben la atención a medias o enteras, comparten comida y bebida, reciben aplausos o abucheos. Son más cercanos que el circo del pueblo. Depositan esperanzas y alegrías, angustias o temores.

El número de cuenteros ha crecido en América Latina en los últimos 30 años; inimaginable la cantidad de festivales como “Un cerro de cuentos” en Guayaquil o “Quiero cuento” en Bogotá; lugares estables de narración oral se desperdigan por ciudades como Guadalajara o México. Existe una enorme Red Internacional de Cuentacuentos.

A ellos los necesitamos ahora. En pocas horas habrá pasado la urgencia por desenterrar a muertos y vivos, por limpiar los escombros, habilitar los servicios básicos y empezará la reconstrucción física de lugares; algunos sobrevivientes abandonarán sus hogares para siempre, buscarán uno nuevo; otros cargarán con el peso de rehacer historias y memorias en el mismo sitio; todos requieren consuelo, alegría, fuerza, para enfrentar el nuevo rumbo. Una buena y concienzuda campaña de Cuentacuentos quizás sea otra manera de ayudar… Terminan siendo ‘rescatistas’ de esperanzas, rescatistas en otro sentido; ayudan a pasar y a disolver las horas negras de un día que parece no terminar, te llenan de imaginación y buenas ideas.