Miguel Rivadeneira

Asfixia a la clase media

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Hay tanta necesidad de recursos para seguir con el enorme gasto público y burocrático que ya no se sabe de dónde seguir exprimiendo. La más afectada resulta la clase media, porque la alta, a la que se dice atacar con un discurso encantador para los de abajo, no se ve afectada porque muchos del sector productivo están haciendo grandes negocios y grandes ganancias. El caso de los constructores de las vías y aquellos que resultan favorecidos de la obra pública.

La clase baja sigue sumida en la pobreza aunque haya mejorado algo con pequeños alicientes (el Bono de Desarrollo Humano), en lugar de propender a la generación de empleo y con ello dejar de seguir dependiendo del papá Estado, a través de subsidios que son necesarios pero deben ser temporales, a cambio de fidelidad electoral y la participación en actos de respaldo oficial.

Hay que partir de lo que la Constitución de Montecristi señala, en el art. 300, que el régimen tributario se regirá por los principios de generalidad, equidad, progresividad, eficiencia, simplicidad administrativa, transparencia. La política tributaria promoverá la redistribución y estimulará el empleo, la producción de bienes y servicios y conductas responsables.

La tasa de USD 42 para las importaciones vía courier (por el momento postergada su aplicación) afectará a la clase media, que tiene la posibilidad de traerse para su consumo de vez en cuando un par de zapatos, un vestido o ropa en general, muchísimo más barato que en el país. Cierto es que ha habido abusos a través de este mecanismo, pero en lugar de ser muy rigurosos en las reglas y los controles se termina afectando a todos.

Se anuncia el aumento del cobro del impuesto a la plusvalía, con lo cual se puede ver afectado un ciudadano de la clase media que con sacrificio obtuvo una primera vivienda y si necesita en algún momento venderla para mejorar su nivel de vida.

Se anuncia un impuesto a la comida chatarra, como si ello lograra bajar la mala costumbre de este consumo. Está bien y es verdad que es malo este comportamiento de la sociedad, más cuando se revelan los altos índices de obesidad por la pésima alimentación, con más del 30% de niños en esta condición, pero esto no se corrige en una sociedad con castigos ni mayores costos. Se enmienda básicamente con educación y prevención y para ello debieran servir las cadenas oficiales y otros espacios.

Como bien decía el investigador César Paz y Miño, cualquier alimento puede ser dañino para la salud, dependiendo de la cantidad de consumo. La comida chatarra es de fácil acceso y de costos más bajos que otros alimentos, pero sin calidad nutricional. Es clave la educación alimentaria, que cambie la mentalidad en el consumo y promocione lo sano y equilibrado. Lo cierto es que con los excesos, no solo somos tan salados en las comidas sino también con los caprichos del poder.