Fernando Larenas

Quito en la vorágine

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Una ciudad en la cual los buses transitan por el carril de la izquierda y desde ahí permiten que suban y bajen pasajeros; una ciudad en la que los peatones tienen que cruzar corriendo el paso cebra y los ciclistas, pese a que en algunas calles tienen vías exclusivas, encuentran carros estacionados; es la ciudad que en el 2015 registró 2 170 atropellamientos a peatones (78 muertos) y 119 a ciclistas, con dos muertos.

En la tercera acepción del diccionario de la lengua española se anota que vorágine es la “aglomeración confusa de sucesos, de gentes o de cosas en movimiento”. La ciudad muestra a veces una confusión enorme y no es culpa del anterior ni del actual alcalde, tal vez ni siquiera del próximo que se atreva a intentar cambiar el actual estatus.

Las leyes existen, muy pocos las respetan o las conocen. El peatón siempre ha tenido la preferencia en el complejo sistema de tránsito de Quito y de otras ciudades. En el caso de los ciclistas estamos un poco más atrasados que ciudades europeas y latinoamericanas, pero asoman algunas buenas ideas.

Es hora de cambiar el chip mental y comenzar a tomar más conciencia sobre la trágica estadística citada. El nuevo lenguaje habla de ciudades inclusivas y sostenibles en materia de tránsito y de transporte. La concejala Daniela Chacón presentó recientemente un proyecto u ordenanza, como se denomina en la jerga municipal, que regula, facilita y promociona la movilidad en modos de transporte sostenible en Quito.
La idea básica es que reconoce expresamente a la caminata y al uso de la bicicleta como un transporte estratégico para la capital; garantiza además la protección y acceso a esa movilización. Busca disminuir las emisiones de CO2 generadas por el transporte público y el privado. “Los peatones tiene prelación sobre todos los otros modos de transporte, por lo que tienen derecho a transitar por espacios públicos libres de obstáculos y barreras arquitectónicas para garantizar su seguridad”, dice la ordenanza propuesta.

Y también señala que “los usuarios de bicicleta tienen derecho a ser considerados prioritariamente dentro de la planificación y diseño de calles y avenidas, luego de la priorización peatonal”. De aprobarse, los ciclistas tendrían un espacio para llevar sus bicicletas en los buses del transporte municipal y sin costo adicional. Los agentes civiles de tránsito tampoco permitirán que los pasos cebras y las ciclovías sean invadidos por los automotores.

De las aceras o veredas no se dice nada y es otro de los problemas crónicos de la ciudad. Muy pocas, como por ejemplo la avenida Amazonas, entre la Patria y la Orellana, fueron diseñadas para peatones, hay otras que simplemente son un riesgo para los huesos de los peatones, están repletas de obstáculos y también son parte de la vorágine.