Andrés Vallejo

Quito sin autos

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El feriado de finados permitió vivir a Quito sin autos. Casi sin autos, para ser más precisos. Una ciudad diferente, amigable, sin caras agrias ni agresivas. Porque es imposible que el estrés no se apodere de los quiteños y no quiteños que se movilizan a diario si
500 000 vehículos inundan sus calles y trastornan todo: la vida de los que circulan, de los peatones que deben hacer milagros para no morir atropellados, de los ciclistas que reciben agresiones constantes, de los motociclistas que serpentean con mil riesgos y sorpresas.

Quito no tendrá movilidad adecuada si no cambia la concepción en la planificación y las prioridades. No puede seguirse planificando y construyendo para los vehículos, alimentando el círculo vicioso que con más facilidades de tránsito estimula la presencia de más vehículos.

Cuando se instauró el sistema de “pico y placa” hace casi seis años, los estudios técnicos advertían que esa era una solución circunstancial que solo serviría para aliviar la situación. La realidad confirmó el diagnóstico: el pico y placa retiraba

30 000 vehículos de la circulación en un inicio, y en el primer año ingresaron  40 000 automotores nuevos en Quito, neutralizando la medida restrictiva.

La Municipalidad de Quito emprendió, en la administración que presidió Paco Moncayo, un ambicioso plan de movilidad alternativa, con la construcción de ciclovías y el ambiente adecuado para que los ciudadanos utilicen la bicicleta no solo como entretenimiento, sino para movilizarse. Entre las que existen en las vías públicas y en los parques, aproximadamente cien kilómetros de ciclovías fueron habilitadas en el Distrito Metropolitano, incluido el concurrido Chaquiñán que se inicia en Cumbayá y va hasta Puembo y Checa, cuyo último tramo no ha sido mantenido. Se instauraron los ciclopaseos dominicales, mensuales primero y luego quincenales y semanales, con gran afluencia de ciclistas con su familia. El fortalecimiento de ese proyecto coadyuva a la descongestión si se lo impulsa y concibe como lo que debe ser, un plan de movilidad alternativa.

Sin perjuicio de que se concreten las obras para brindar un servicio público eficiente, Quito no tiene solución a su problema de movilidad solo con acciones que conduzcan a facilitar cada vez más la circulación de los vehículos. Estímulos para que haya mayor ocupación vehicular –el promedio de ocupación es de 1.2 personas por vehículo-, y apoyo a los medios alternativos, son medidas que complementarían una decisión de restringir drásticamente la circulación, por placas pares e impares, como lo estableció el estudio técnico preparado en 2008, que advertía lo que sucede ya: congestión, estrés de todos, costos elevados que no se cuantifican. El Quito sin autos del último feriado, con sus calles expeditas, el Centro Histórico brillante, la gente de buen carácter, es para lo que debemos trabajar todos. Una utopía, de las necesarias para que la vida sea mejor.