Alfredo Negrete

Dos marchas y un solo Primero

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Como una reliquia quedaron los primeros días de mayo de 1886, en Chicago. Fue entonces que múltiples manifestaciones por elementales derechos laborales, seguidos de una implacable represión y de sumarias ejecuciones de líderes sindicales dejaron de tener la significación inicial y se convirtieron en una fecha simbólica para las más variadas expresiones ideológicas que reivindican al trabajo.

En el Ecuador la organización obrera alcanzó su estructuración en las primeras décadas del siglo XX y el 23 de abril del 1915, durante el gobierno del general Leonidas Plaza Gutiérrez, el 1 de Mayo fue declarado Día Universal del Trabajo. La fecha ha sido respetada y, como ha sido usual en el movimiento obrero en sociedades no desarrolladas, pocas veces ha existido unión y han predominado las marchas por diferentes colores e insignias: la izquierda, la católica y la liberal: CTE, Cedoc y Ceosl.

Hoy, la situación es diferente, pues por primera vez las marchas tienen un cariz de enfrentamiento político, al extremo que una está organizada por el Gobierno y su movimiento político y la otra por un multifacético conglomerado de organizaciones opositoras, gremiales o sociales alteradas por la expedición de la última ley que liquida la prevención del Seguro Social para las próximas generaciones.

Es comprensible que existan gremios y sindicatos afines al Gobierno y que por su cuenta organicen sus proclamas y expresen sus demandas. Lo curioso en este caso es que el principal representante, el Gobierno -que es nacional y de todos los ecuatorianos- sea el que convoque a sus partidarios a marchar un 1 de Mayo; por tanto, sin caer en suspicacias respecto al poder, en el Ecuador hay obreros de primera y obreros de segunda.

Los movimientos gremiales que respaldan al Gobierno tienen el derecho de realizar cuantas marchas consideren necesarias para expresar sus reclamos y demandas. La dificultad proviene cuando, el Día del Trabajo, existe una marcha del Gobierno en paralelo con otras manifestaciones que aglutinan demandas históricas y las actuales contra la expedición de la Ley Orgánica para la Justicia Laboral y Reconocimiento del Trabajo en el Hogar. De no variar este curso, estaremos abocados a un ensayo corporativista que consiste en incorporar a la gestión del Gobierno organizaciones gremiales, sindicales o empresariales. Por tanto, las partes de una sociedad se integran a un solo todo. Se trata de una alteración de la estructuración democrática del Estado: gobierno con sindicatos, gobierno con empresas, gobierno con el deporte.

Solo faltaría gobierno con la iglesia. Idéntico al franquismo. A buena hora Francisco está en escena; de lo contrario, no sería raro escuchar en algunas marchas de mañana un viejo canto del sur: “¡ Perón, Perón, qué grande sos! ¡Mi general cuanto valés! ¡Perón, Perón, gran conductor, sos el primer trabajador…

anegrete@elcomercio.org