24 de December de 2010 00:00

China dice: Money talks

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Juan Esteban Guarderas

Forbes no declaró a un americano, sino a Hu Jintao el hombre más poderoso de la Tierra. En agosto se anunció que China superaba a Japón como segunda potencia mundial, y este año se reportó que la exposición universal de Shangai fue la más costosa y la más frecuentada de la historia. Tantas bambalinas tienden a relegar a un segundo plano noticias como el reciente estudio de la Universidad de Gottingen, “El Efecto Dalai Lama”. Según este, cada vez que un país acoge al líder, sus exportaciones hacia China caen en promedio 8.1% durante los siguientes dos años.

Ebrio de ambición, el mundo corre hacia el país asiático como en versión moderna de la fiebre de oro californiana. En esta estampida, con tal que la ceremonia de los juegos olímpicos sea babilónica y los contratos generosos; no nos importa las injusticias internas del nuevo El Dorado.

“Money talks”, el dinero es el que dicta las normas; o peor, como dicen los franceses, “l’argent n’a pas d’odeur”, el dinero no puede apestar.

Pero, ¿cómo puede apestar el silencio con el que compramos la colaboración china, si no conocemos bien los pormenores de la crisis tibetana? El aparato de represión chino no solo ha impuesto el silencio y el olvido sobre el Tíbet, sino también sobre nosotros. La oscuridad desplegada no solo impide que los propios chinos formen una idea suficiente de la realidad; sino también acomoda la ignorancia internacional, de la que convenientemente se sirven los países para evitar criticar.

Sin embargo, no es forzoso mantenernos lobotomizados. Elodie Bernard nos prueba que es posible superar los obstáculos y tomar conciencia. Tras la brutal represión del 2008, con 24 años decidió introducirse clandestinamente en Tíbet. Recientemente publicó su testimonio de esta verdad desgarradora en “El vuelo del pavo real lleva a Lhasa.”

Sentí la necesidad de conocerla. Quería que ella me ratificase en vivo la increíble información sobre desprecio, opresión y sufrimiento que recoge su obra. Necesitaba que ella me converse acerca de datos horrendos del régimen chino, que yo desconocía, como los disparos dirigidos contra quienes querían ayudar a los manifestantes que quedaban heridos en la calle, o el reglamento según el cual el Gobierno debe validar las interpretaciones de reencarnación budistas, para monopolizar el origen de los siguientes líderes espirituales.

La encaré con un espíritu crítico y las respuestas de la aventurera lejos de apaciguarme, ahondaron mi estupefacción. “¿Pero qué puedes pedir de un pueblo como el ecuatoriano? No podemos darnos el lujo de renunciar al desarrollo que promete un socio comercial como China”. Su respuesta fue magnífica: “Pues al menos informarse, conocer.” Para que la fabricación de olvido no nos afecte a nosotros también, comencemos por buscar en Internet.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)