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21 de September de 2012 00:02

¡Sí que en toda la Argentina se escuchó el ruido generado por las cacerolas que millones de argentinos hicieron sonar el jueves pasado! La presidenta Kirchner y sus allegados no tuvieron más que oír, tal vez asustados, el reclamo de un pueblo cansado de sus prácticas antidemocráticas, parecidas a las aplicadas en Ecuador.

Los dos presidentes son populistas, rodeados de un círculo impenetrable, que no les permite sentir los reclamos de la clase media, que es la mayoría en las dos naciones. Cristina como Correa se encuentran custodiados por asesores que les preparan las reuniones y mítines para que no se sientan incómodos con gente que desaprueba su gestión. A esos no se les permite acercarse a líder.

Los gobernantes, tanto de Argentina como de Ecuador, se han azonzado por los efectos del poder en sus manos. Todas las funciones del Estado se encuentran a su disposición, y cuentan con todos los recursos económicos para llevar adelante planes que benefician a su grupo, no a la nación. Ante los reclamos espontáneos de los inconformes por el accionar de sus gobernantes, las autoridades responden con frases como la dicha por el Ministro de Cultura argentino: “Nosotros sabemos tomar las calles”.

En el caso ecuatoriano, se organiza una “contramarcha”, obviamente con recursos públicos por más que se diga que es con dinero de los miembros del partido de Gobierno.

Cuando el pueblo se junta por el llamado de la inconformidad y la falta de libertades, el Poder Ejecutivo responde con cadenas nacionales diciendo que la marcha es preparada por profesionales pagados por la partidocracia. Pero cuando desde la Casa Rosada (Argentina) o del Palacio de Carondelet (Ecuador), se arma una marcha en apoyo del gobernante, afirman que es el pueblo organizado, no pagado, que sale en defensa de los cambios que lleva adelante el Presidente.

La diputada Elisa Carrió, refiriéndose al cacerolazo de la semana pasada, dijo que “fue un reclamo no contra nadie, pero sí en defensa del imperio de la ley”.

Si en Ecuador se llevara a efecto una protesta (lo que ocurrirá cuando a la mayoría de ecuatorianos se les pase el temor hacia el aparataje montado por Alianza País), también será en contra de la dictadura que se padece.

Pero la protesta, de ocurrir en Ecuador, además será, como lo dijo Carrió, contra “una élite gobernante que puede hacer lo que quiere, violar la Constitución, robar, y tiene garantías de impunidad”.

Los gobernantes quieren tener controlada a la clase media de Argentina y de Ecuador, para de esta manera dominar a la población y seguir con sus planes de implantar un modelo político afín a sus intereses, y no a los de sus habitantes. Creo que los gobernantes están azonzados y los ciudadanos acobardados por las prácticas gubernamentales.