2 de March de 2011 00:00

La Nada

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Ivonne Guzmán

La Nada debe ser exactamente así. Un sitio en el cual todos flotamos en el sopor tibio de una quietud cadavérica. Un lugar en el que ya nadie sabe para qué sirven las palabras y por eso –cadáveres al fin– no las utilizamos.

Y no me digan que no saben de lo que hablo, porque los estoy viendo –sí, a ustedes–, los veo flotar con ese rictus impávido del ‘aquí no ha pasado nada’.

Hay cifras y nombres de gente que habitó este lugar, que antes era un país (ninguna maravilla tampoco, pero al menos no era esta sombra que algunos llaman patria), y que ahora vienen a mi memoria solo para confirmar lo dicho.

Porque en La Nada pasan cosas como ésta: que uno u ocho o cien hombres –da lo mismo– estén presos antes de que su culpabilidad haya sido dictaminada; sin más pruebas que un ego tiránico herido. Pero eso es habitual, ya sé; pasa todo el tiempo, en todas partes' Lo que no es normal es que nadie haga o al menos diga algo.

En La Nada también es común ver que a niños a quienes recién se les ha extendido una partida de nacimiento, a las pocas horas o días se les extienda un acta de defunción. No es por la mala suerte –en La Nada eso no existe–, sino por la sangre de horchata que corre por las venas de quienes supuestamente están para cuidarlos y, en lugar de eso, los matan con su negligencia. Hace pocos días han sido diez niños muertos en Guayaquil; en el 2006 fueron 29 en Chone. Y ya ven, no pasa nada.

Como si nada también, en esta zona libre de derechos humanos que es La Nada, la gente sigue siendo agredida, violada, asaltada o asesinada en el estacionamiento de un centro comercial, en una lavandería de autos, en su casa mientras duerme, a la entrada o a la salida del banco o la oficina, en el auto, en el parque, en un restaurante y el etcétera que sigue es interminable.

En La Nada, bien saben ustedes, más de un asambleísta ha sido acusado, con pruebas, de haber utilizado de manera inadecuada el dinero público (o sea nuestra plata), pero obviamente no les ha pasado nada. Tampoco les pasa nada a altísimos funcionarios de la justicia, que siguen paseándose orondos, en sus carros por vías exclusivas, sin rendir cuentas a nadie.

Ojo que La Nada no está hecha solo de grandes tragedias, qué va' Se nutre sobre todo de pequeñas y repetidas inmundicias cotidianas: los carros destrozados por los baches, que nunca reclamamos que nos paguen; las manos metidas hasta los codos en la justicia; el desubique de quienes creen que pueden metérsenos hasta en la ducha, y así... De todo esto nos volvemos cómplices nosotros (o sea, ustedes también mis estimados ciudadanos de La Nada) cuando somos incapaces de abrir la boca para decir algo.

Y si seguimos inmóviles y calladitos –cadáveres ejemplares al fin–, van a ver cómo aquí sigue sin pasar nada de nada.

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