Estudiantes del colegio Alberto Einstein en su clase de robótica. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Estudiantes del colegio Alberto Einstein en su clase de robótica. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Robótica

Robótica, una materia transversal en las aulas

Diego Ortiz. Redactor (I)

La robótica entra con fuerza a las aulas de escuelas y colegios del país. Para los educadores, la construcción de un robot es la excusa para que los estudiantes investiguen acerca de una problemática ambiental, social o política, por mencionar algunas. Al mismo tiempo, es la oportunidad para que desarrollen su pensamiento lógico y sus habilidades motrices.

En el Colegio Internacional SEK, por ejemplo, se ha implementado esta materia como un eje transversal para otras áreas del conocimiento. Tomás Aznar, director general de esta institución, explica que la finalidad de que los estudiantes aprendan robótica es que ellos no sean ajenos a la realidad misma que los envuelve.

Así, su perspectiva apunta a que los estudiantes salgan de las aulas aprendiendo a crear un robot capaz de ayudarles en los trabajos que ellos tengan en los próximos 20 años.

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Al verlos en clase, la idea de Aznar se vuelve plausible. A los estudiantes no solo se los reta a que construyan un robot sino que en el proceso aprenden y ponen en práctica lo que han recibido en sus clases de Física, Biología, Artes o Matemáticas.

Ellos están conscientes de que sus diseños deben lucir atractivos; que su estructura debe responder a las leyes de la física; que son fabricados con el propósito de ayudar en temas medioambientales, por mencionar un campo.

Por su parte, en el Colegio Alberto Einstein se trabaja en clases de robótica desde hace siete años. Tammy Vigoda, directora de Educación Inicial, y Juan Diego Reyes, director de Escuela Primaria, han visto que esta materia ha ayudado a que los estudiantes desarrollen inteligencias múltiples de acuerdo con lo que son afines.

De este modo, los más creativos se mantienen pendientes de cómo diseñar el robot; los más analíticos, en cambio, se ocupan de las acciones reales que pueden hacer sus artefactos. En fin, cada uno logra involucrarse de lleno con lo que más les aporta en su formación y que, al mismo tiempo, eliminen de sus mentes la idea de que la robótica es cosa de gente adulta.

En el trasfondo de todo este proceso de formación, la psicóloga educativa Denisse Izquierdo afirma que el producto final (el robot) es tan solo una pequeña fracción del trabajo.

Opina que la robótica constituye una materia realmente eficaz en tanto se convierte al conocimiento en una realidad objetiva, es decir, el estudiante transforma el conocimiento teórico en información útil, con resultados prácticos.