27 de noviembre de 2016 18:11

Una vuelta por Guayaquil desde la Metrovía, en pleno Clásico del Astillero

Los hinchas de Barcelona se volcaron a las calles luciendo la camiseta de su equipo. Foto: EL COMERCIO

Los hinchas de Barcelona se volcaron a las calles luciendo la camiseta de su equipo. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

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Elena Paucar

Se abren las puertas y comienza la lucha por un puesto, tal como si fuera la general del Monumental. El bus de la Metrovía está repleto y las camisas amarillas resaltan sobre los asientos azules. Aquí, sobre ruedas, se sintió desde muy temprano el Clásico del Astillero, que se disputa esta tarde en Guayaquil.

Empieza el recorrido y en la calle el panorama se repite: hay puntos amarillos por todas las calles del sur, desde donde arranca la ruta de la troncal 1. También uno que otro azul.

Adentro, como una terapia para alivianar los empujones y frenazos del trayecto, es posible distraerse con mensajes de todo tipo, grabados en las camisetas de los canarios: ‘5-0 fueron más que 3. Y 14 son más que 12’, portaba con orgullo un barcelonista en su espalda.

El bus sigue rodando. El conductor advierte la siguiente parada: Barrio Cuba, donde por estos días no se habla de Fidel, pero sí de fútbol.

Este sector es reconocido por sus carnes a la parrilla. Y es uno de los barrios más futboleros de la ciudad.

Kari Narváez es dueño del Fogón Cubano. En la mañana sacó a la vereda la bandera del equipo de sus amores. “Soy barcelonista desde que nací. El 15 de noviembre fue mi cumpleaños y estoy esperando que mi regalo llegue hoy”, dijo mientras abrazaba a un monigote de Jonathan Álvez, el goleador de los canarios.

Los monigotes de jugadores de Barcelona se exhibieron en Guayaquil. Foto: EL COMERCIO

Los monigotes de jugadores de Barcelona se exhibieron en Guayaquil. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

“Este año te quemamos”, bromeaba su hijo Carlos, emelecista a morir. “Ya hemos ganado bastantes campeonatos; que disfruten nomás”, decía el joven, vestido de azul.

Pero aquí la amistad está por sobre todo. En las calles, los niños, de ambos equipos, improvisan sus propios partidos. Y los adultos conversan sobre sus pronósticos entre cervezas.

El C.S.D. King es una especie de embajada del balompié en el Barrio Cuba. Alfredo Sojos y Jorge Foulks son seguidores del Ídolo del Astillero, Fernando Intriago defiende al equipo eléctrico y Eduardo Gómez no se define -aunque hoy se puso la azul-.

Los hinchas de Emelec y Barcelona SC conviven en los barrios guayaquileños. Foto: EL COMERCIO

Los hinchas de Emelec y Barcelona SC conviven en los barrios guayaquileños. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

“Aquí no hay rivalidad. Además, los clásicos siempre son una sorpresa. Yo no me arriesgo a dar un marcador”, dijo Foulks mientras desenvolvía una bandera del su club, teñida con tonos toreros. De 41 partidos jugados este año, Barcelona ha ganado 30.

Solo con avanzar una cuadra se pasa a territorio azul. Broaster Mickey, un restaurante especializado en pollo frito, con historia desde 1980, está empapelado de fotos y cuadros del Emelec. Aquí todo es azul y gris, desde las sillas hasta los uniformes de los meseros.

Los hinchas de Emelec también se prepararon luiendo la camiseta de su equipo. Foto: EL COMERCIO

Los hinchas de Emelec también se prepararon luiendo la camiseta de su equipo. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

La familia Angueta es fanática de Ballet Azul y hoy, más que nunca, apoyarán a su plantilla, la segunda de la tabla y que suma 84 puntos. “Les vamos a dañar la fiesta en su casa. Van a tener que guardar esos petardos que habían comprado para la celebración”, decía entre risas Miguel Angueta, propietario del local.

En la Bahía los negocios se tiñen de amarillo

En las calles es fácil descifras el pito de los autos. Unos suenan a ‘Bar-ce-lo-na’. Y otros a ‘Emelec, Emelec’. El claxon de la Metrovía es neutral; solo resuena para advertir a los despistados peatones y a uno que otro conductor arriesgado que intenta invadir su carril exclusivo.

A medida que el bus se interna en el centro, la marea amarilla aumenta. En la parada de la Bahía, el corazón comercial de Guayaquil, las ofertas de camisetas, banderas, cintillos y demás se multiplican. “Todavía estamos de viernes negro, lleva la camiseta del Ídolo, dos por uno”, gritaba Carlos Reina.

Las banderas de Barcelona predominaron en Guayaquil en la previa del Clásico del Astillero. Foto: EL COMERCIO

Las banderas de Barcelona predominaron en Guayaquil en la previa del Clásico del Astillero. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

Otros, como Pedro Segura, vendían CD’s con las canciones toreras. Se confiesa emelecistas, pero para ganar unos dólares se vistió de amarillo. “Estoy camuflado. Negocios son negocios”.

En cambio Hilton Canales es fiel a los eléctricos y se puso, sin miedo, la camisa del Bombillo. Antes de hablar de fútbol aclara que no está vinculado al negocio hotelero (“Chuzo, ya quisiera”, dice); solo se dedica a la venta de zapatos para niños.

Así que esta mañana tuvo que soportar a sus colegas barcelonistas e instalar su negocio ambulante junto a una bandera amarilla. “Ya tenemos tres copas seguidas. Ahora estamos tomando un recreo”.

Las banderas de Barcelona predominaron en Guayaquil en la previa del Clásico del Astillero, aunque también hubo hinchas azules. Foto: EL COMERCIO

Las banderas de Barcelona predominaron en Guayaquil en la previa del Clásico del Astillero, aunque también hubo hinchas azules. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

Hinchas de todas partes del país

El eco de las vuvuzelas (por cierto, las amarillas tuvieron más ventas que las azules), va quedando atrás. El bus continúa su trayecto, rumbo al norte, pero antes es obligatoria una pausa en la parada de la Biblioteca Municipal.

Muy cerca, en las calles Boyacá y Sucre, se encuentra el punto de concentración de los toreros antes de cada encuentro. Es mediodía y en Pollos a la brasa Barcelona se juega un intenso partido, con pases cortos entre meseros y los encargados de servir los platos.

Ángel Encalada es el ‘Guillermo Almada’ de este equipo, el encargado de pulir cada jugada. Decenas de clientes entran y salen después de probar secos, aguados y la especialidad, el pollo asado. “Desde la mañana han llegado hinchas de Loja, Machala, Ambato, Quito, Cuenca. Esta es la primera parada; aquí toman fuerzas para ir al estadio”.

Los Santiana Jiménez hicieron la previa en una mesa del rincón. Disfrutaban de un arroz con menestra mientras Ronaldinho Gaucho les aplaudía desde una pared, equipado con el traje torero que lució en la Noche Amarilla de este año.

Una familia disfruta del almuerzo en la previa del Clásico del Astillero. Foto: EL COMERCIO

Una familia disfruta del almuerzo en la previa del Clásico del Astillero. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

“¿Cuánto gana el equipo mijo?”, le preguntó Ecuador Santiana a Elkin, de 6 años. “Cinco a cero”, le respondió el pequeño, casi gritando.

Ganar la estrella 15 ya es un hecho para Pepe, un ágil mesero que zigzaguea entre los clientes con hasta cuatro platos en sus manos. El número está grabado en la camiseta que lució hoy, con la frase ‘Barcelona campeón 2016’. Él era el único que la tenía. “Es que esta solo se la dan a los mejores”, contó sin dejar de correr entre las mesas y el candente asador.

Hay que volver al recorrido. Y aunque la Metrovía es azul, por dentro se cada vez se pintaba más de amarillo. Al atravesar la avenida 9 de Octubre, familias enteras caminaban equipadas como la plantilla torera, que suma 95 puntos.

Más adelante, en la zona rosa y luego hacia el norte, cerca de la Terminal Terrestre, los toreros se paseaban con confianza, seguros del triunfo. “Hay que dejarlos soñar”, decía con tono sarcástico Ana Cruz, vestida de azul. “Ya nos veremos en la cancha”.

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