6 de September de 2014 00:00

Misahuallí es la puerta hacia los retos de la selva

En el río Napo, cuatro turistas estadounidenses y un guía local se bañan después de una caminata por la selva. Ellos se transportaron en una canoa alquilada en Puerto Misahuallí. Foto: Vicente Costales

En el río Napo, cuatro turistas estadounidenses y un guía local se bañan después de una caminata por la selva. Ellos se transportaron en una canoa alquilada en Puerto Misahuallí. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Carlos Rojas A. Redactor  (I)

En la localidad amazónica de Puerto Misahuallí hay espacio para el descanso y la aventura. En esa acogedora parroquia de Tena, en Napo, se puede caminar por la selva, realizar turismo comunitario, nadar y recorrer el imponente río Napo sobre canoas, kayaks y neumáticos (tubing).

Los más cautos llegan para descansar sobre la arena suave y blanca que se forma en la confluencia de los ríos Misahuallí y Napo. En ese sector el agua es más calmada, la brisa refrescante y hay frondosos árboles que dan sombra a los turistas.

Allí están los monos capuchinos que se cuelgan de las ramas y que han aprendido a deleitar a los visitantes.

Los traviesos animales se saben una atracción y hasta extienden la mano para solicitar comida. Meses atrás jugueteaban también por el parque central de la localidad, ubicada a unas 4 horas y media de Quito.

En el sector se realizan caminatas (trekking) guiadas. Foto: Vicente Costales

En el sector se realizan caminatas (trekking) guiadas. Foto: Vicente Costales

En el llamativo parque, decorado con bancas y árboles, los monos hacían de las suyas y les quitaban las pertenencias a los turistas más descuidados.

Sin embargo, por estos días, los pequeños capuchinos prefieren andar cerca del río.

En el pueblo, donde hay seis operadoras turísticas legalmente constituidas, se cuenta que los monos se asustaron en el último Carnaval, donde el lugar estuvo literalmente desbordado de gente. Por eso, ahora prefieren la sombra de los árboles en la playa.

Desde Puerto Misahuallí se abordan las canoas para los paseos en el río. Sobre las embarcaciones también se llega a las comunidades que habitan a lo largo del Napo. Muchas de estas, ahora, se sustentan con el turismo comunitario.

En Unión Mujuna, donde aseguran ser los primeros en abrirse a los turistas hace ya 20 años, habitan 33 familias.

Ellos se han organizado y abren las puertas de sus viviendas de madera para mostrarle al mundo algo de sus tradiciones. Hasta allí se llega después de cinco minutos en canoa.

Bailes tradicionales, juegos con cerbatanas y fotografías con boas y caimanes cautivan a los turistas. Cada actividad tiene un precio: las fotos USD 1, la limpia USD 2...

Los  visitantes participan del baile típico de la zona.

Los visitantes participan del baile típico de la zona. Foto: Vicente Costales

Tony Stein, un arquitecto estadounidense de 24 años, llegó con tres de sus amigos a esta comunidad. Él ya estuvo en la selva los dos veranos anteriores, pues trabajó en el área de desarrollo urbano de la municipalidad de Tena.

Stein les conversó a sus amigos sobre los atardeceres en la Amazonía y la majestuosidad del Napo. Eso bastó para que decidieran pasar sus vacaciones en Ecuador. El grupo estaba guiado por ‘Makanaki’ , un nativo que tiene una operadora turística en Tena (www.tenaadventure-river.com).

Después de recorrer la comunidad y hasta deleitarse con una tilapia envuelta en una hoja de bijao, emprendieron una caminata por la selva.

El constante sonido de los grillos, escondidos entre las hojas, ramas y troncos, acompañó el recorrido. En el trayecto, el guía nativo les señalaba las plantas de cacao, plátano y yuca. También les hacía probar plantas medicinales como la caña agria y hasta se divertía al golpearles suavemente con el tallo de las ortigas.

En  la localidad amazónica de Napo hay alternativas para todos. Foto: Vicente Costales

En la localidad amazónica de Napo hay alternativas para todos. Foto: Vicente Costales

Los visitantes, maravillados, recorrieron durante una hora por ese verde camino hasta salir a otro sector del río.

Cansados, sudorosos, los aventureros se desvistieron apenas vieron el agua y se refrescaron junto a la canoa.

Este lugar puede ser un paraíso para los aficionados a la observación de mariposas, aves, plantas y animales. Hay también un árbol famoso por el grosor de su tronco...

En Misahuallí y en Tena el hospedaje es de todo precio. Así lo confirmó Amelia Leman, francesa de 30 años que atiende en la agencia de viajes Teorumi, a un costado del parque.
Ella llegó al país hace 9 años y ahora vive, con su esposo y sus dos hijos, enamorada de la Amazonía ecuatoriana.

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