3 de septiembre de 2017 00:00

Leonel Nazareno, el golero que fue basquetbolista y boxeador

Nazareno (izquierda) se entrena con Daniel Viteri en el complejo de Liga, en Pomasqui. Foto: archivo / EL COMERCIO

Nazareno (izquierda) se entrena con Daniel Viteri en el complejo de Liga, en Pomasqui. Foto: archivo / EL COMERCIO

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David Paredes
Redactor (D)

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Leonel Nazareno, el arquero titular de Liga, es el primero en salir a la cancha de entrenamientos. En todas las jornadas cumple siempre la misma rutina: abandona la casa de concentración y se ubica en un pequeño graderío junto a la cancha principal del complejo de Pomasqui.

Allí, se junta con sus compañeros y comparte con algunos juveniles de Reserva. Después, se incorpora al ‘rondo’ o ‘torito’, como se conoce en el fútbol al acto en el cual un jugador intenta arrebatarle el balón a sus compañeros que han formado un círculo humano y se pasan el balón entre sí.

Esta temporada, Nazareno saltó al rol estelar de la ‘U’. En plena crisis de resultados, el guardameta, de 23 años, dejó en el banquillo al experimentado Daniel Viteri y va curtiendo la piel en la élite.

A diario, el guardameta Nazareno trabaja con el preparador de goleros Humberto Pretti y con sus compañeros Viteri y Erick Viveros. Para este último, el esmeraldeño Nazareno se ha convertido en una suerte de ídolo: siempre está pendiente de sus movimientos y atajadas.

Una de las mayores virtudes de Nazarenos es su paciencia. El espigado golero (1,95 metros) esperó su oportunidad, pero también estuvo cerca del retiro. “Desde que llegué a Liga, me tocó ser banca. Veía lejos mi debut. No tenía una buena relación con Gustavo Flores, preparador de arqueros de esa época. Incluso me iba a regresar a Quinindé y retirarme definitivamente del fútbol”, confiesa Nazareno.

El abandonar el fútbol rondó varias veces por su mente. A pesar de tener la talla, la elasticidad y los reflejos de un golero, tuvo que sufrir varios rechazos. Su primer equipo fue El Nacional. Mario Quiroga, exarquero de Católica, fue quien le dio una oportunidad y hasta lo acogió en su casa.

Pero en las formativas criollas no le dieron chance. Con 14 años, volvió a Quinindé. Allá probó suerte en el baloncesto, pero no le gustó del todo. Decidió volver a Quito para ser boxeador en la Concentración Deportiva de Pichincha.

“Fueron dos meses de puro entrenamiento. Tampoco me gustó tanto, porque recibía muchos golpes y me estaba alejando de mi objetivo de ser arquero”, agregó.

En Liga jugó poco en las formativas. Estuvo en la banca y alternando en la Sub 18 y Reserva hasta el año pasado, cuando el DT Álex Aguinaga lo puso de titular tras una expulsión del ‘Mono’ Viteri. “Recuerdo bien el día de mi debut. Fue en un partido ante el Aucas. Estaba nervioso”, recuerda con timidez.

“Cuando llegué a Liga de Quito como preparador de arqueros en el 2012, Nazareno ya estaba en las formativas. Conmigo trabajó tres años”, dice Pretti, quien reconoce que una de las virtudes de su pupilo es el dominio del juego aéreo.

Este año tuvo la oportunidad de debutar en la Copa Sudamericana. Incluso ya estuvo en una definición de penales ante el Bolívar de La Paz.

“Esta fue mi primera vez en penales y todavía me falta aprender”, comentó en su momento. Además, se ganó la confianza del DT Pablo Repetto. Desde que el estratega uruguayo asumió el banquillo del equipo, el esmeraldeño se ganó la titularidad.

En el equipo de Reserva compartió cancha con Luis Cangá. De hecho él es uno de sus mejores amigos. Hoy, 3 de septiembre del 2017, (12:00), ante el Delfín, volverá a ser titular. Uno de sus objetivos a corto plazo es mantener la continuidad que le ha brindado Repetto. Ya tiene 10 partidos jugados en la Serie A esta temporada, y dos en la Sudamericana. Se alista para medirse la próxima semana a Fluminense por la Copa.

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