16 de diciembre de 2016 17:50

Lavadoras, una historia reluciente

El Automobile Laundry de Detroit, Estados Unidos, fue inaugurado en 1914.

El Automobile Laundry de Detroit, Estados Unidos, fue inaugurado en 1914. Foto: motorpasion.com

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El auge de la industria automovilística generó grandes ganancias a los fabricantes de automotores a escala global. Además, esto permitió que otros nichos de negocios se crearan para satisfacer las necesidades que aparecieron de la mano de la producción de vehículos a gran escala.

Una de estas oportunidades surgió varios años después de que se popularizara el uso de los automotores, se trataba de los locales dedicados a la limpieza de autos. En un inicio, las tareas de lavado se realizaban de forma manual. Las personas utilizaban agua y paños de tela para quitar la suciedad de sus vehículos.

Este trabajo no era el más sencillo, si se considera que las condiciones de las vías no eran las mejores. Además, en esa época las personas utilizaban mucho los autos para cruzar por zonas de ­difícil acceso o por los establos, sitios en los que los carros se ensuciaban mucho con las heces de los animales.

En 1908 apareció una de las primeras ideas de un ‘túnel’ de lavado, específicamente en Detroit, Estados Unidos. Este proyecto fue impulsado por la marca Oldsmobile. De esta forma nació el Automobile Laundry.

Este sistema consistía en empujar el vehículo a través de una serie de estaciones en los que las personas realizaban una tarea
específica de limpieza.

Varios años después, en 1924, se dio un giro a este proceso. En esta ocasión, Chicago fue el escenario de una propuesta poco conocida que se bautizó como Automobile Washbowl.

Este sitio no era más que una plaza inundada en la que se debía conducir en círculos para eliminar parte de la suciedad existente, especialmente de las ruedas.

El proceso continuaba con una limpieza manual de la carrocería y de los interiores, aunque este no era muy detallado. El gran cambio en la forma de lavar vehículos apareció en la década de 1940, cuando entró en escena el primer túnel de lavado junto a un concesionario. Esta idea revolucionó la forma de pensar y ofrecer servicios para los productos de la industria automovilística.

Tras este cambio, se empezaron a implementar las primeras máquinas que ayudaban en esta tarea. Estos aparatos eran de gran tamaño y tenían un funcionamiento semiautomático.

Una de las primeras tareas de estas máquinas fue la difusión de agua. Más adelante se incluirían nuevas funciones más
avanzadas y efectivas.

En conocidos sitios estadounidenses, como Coppell (Texas), ya se empezaron as usar ventiladores para completar la cadena de limpieza con los procesos de secado.

Después de la Segunda Guerra Mundial (1946), se dio una proliferación de las lavadoras de autos en Estados Unidos, especialmente en las gasolineras.

Para 1951, los hermanos Archie, Dean y Eldon Anderson volvieron a revolucionar la forma de limpieza que existía hasta ese momento. Ellos propusieron enjabonar los vehículos de forma automática para optimizar recursos.

Desde entonces, estos y otros dispositivos fueron evolucionando para optimizar las tareas de lavado.

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