6 de junio de 2016 12:45

Jaime Iván Kaviedes: ‘Agacho la cabeza y hablo con Dios’

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Mauricio Bayas

Jaime Iván Kaviedes ha recibido 300 ofertas para escribir un libro de su vida, grabar una película y hasta para filmar un documental. Él no quiere que aún su vida se traslade a ese escenario.

El autor del gol que clasificó a Ecuador a su primer Mundial está flaco y con barba. Vive en una finca en Santo Domingo, donde tiene una escuela de fútbol.

Pasó dos semanas en Manabí. Ayudaba en la repartición de víveres para los damnificados y se alimentó con atún, galletas y agua.
En su tierra natal accede a conversar de todo un poco. Sin embargo, hay temas que no quiere profundizar.

¿Qué pasó con su adicción a las drogas?
"Eso es morbo. No voy hablar", responde, mueve sus cejas y mira a otro lado. El 'Nine' camina alegre (el viernes 3 de junio) por la cancha donde colocó los dos arcos históricos que se llevó del estadio Olímpico Atahualpa, el año pasado.

Eckel Vega, quien ahora es la mano derecha del 'Nine', ayudó a levantar una especie de museo histórico en la escuela de fútbol ‘IK9’ ubicada en San Antonio del Toachi, en el km 4 vía a Las Mercedes. Es una zona alejada de la ciudad y con ambiente de campo, que a Jaime Iván lo retrocede a su infancia donde se crió con sus abuelitos.

"'Pepe Pancho' (José Francisco Cevallos) quiere llevarse el arco sur. Para mí representa toda una historia y una manera de inspirar a los niños", dice Kaviedes mientras se emociona al desempolvar recuerdos que ahora los cuenta a los niños que asisten a los entrenamientos a diario durante las tardes.

¿Qué le aconseja a los niños de la escuela ‘IK9’?

No soy de dar consejos. Puedo contar mis experiencias de vida. Situaciones que he vivido, he llorado, he reído. Mi abuelo me dio de pequeño lo básico. Primero, libertad a los 14 años porque me fui a Guayaquil. Me dio principios más que creencias. Me enseñó que las palabras: 'Buenos días', 'buenas tardes', 'buenas noches', 'por favor' y 'gracias' abren las puertas del mundo.

¿Qué experiencias de vida lo han marcado?
Muchas. Podemos hablar todo el día. La que más me marcó fue a los 14 años, cuando me dijeron que no servía para el fútbol y cuando me sacaron de una Sub 17. Regresé a Santo Domingo y le dije a mi abuelito (Benjamín) lo que había pasado. Eso marcó un antes y un después de mi carrera. A partir de ahí, el fútbol se convirtió en mi vida.

Ahora, fuera del fútbol, ¿qué lo marca?
Hay cosas que me siguen marcando. Por ejemplo, ver a la gente que se gana el dinero al día. Camino por la calle y veo al señor que vende los granizados -que me gusta - y esas son las historias que me marcan. Todo lo que tuve económicamente. Ayudé a mucha gente y ahora no lo puedo hacer. Eso me marca.

¿No cree que lo mareó la fama como futbolista?
¿La fama? ¡No la conozco! ¿Marear la fama? Marear es perder estabilidad, que todo se mueva. Y la fama nunca la conocí. Cuando sepa quién es 'fama' podría responderle. En mi vida nunca tuve eso.

¿Tuvo muchas oportunidades en el fútbol?
¿Oportunidades? Oportunidad es un ‘chance’. Para mí la oportunidad es un nuevo amanecer. Siempre Dios da oportunidades a todos. A veces, las acciones que uno tiene en la vida solo son para Dios. Nunca fui así. Dios siempre nos da a todos. Cada uno tiene su camino y su concepto de vida.

¿Cree en la religión?
No creo mucho en las religiones. He pasado por muchas. Con los mormones, los evangélicos... Y aprendí muchos conceptos. Creo en Dios. Creo en la fe. La fe es lo que nos mantiene vivos. Dios es amor, es esperanza. El mensaje en todas las religiones es el amor a Dios y el temor a él siempre.

¿Le teme a Dios?
Muchos años de mi vida no. Tenía problemas directos con Dios. Los problemas que tenía en el fútbol eran de risa. Vivía resentido con él por todo lo que me había quitado. Lo que me daba, no compensaba. Para la mayoría de la gente era maravilloso todo lo que me daba en el fútbol, pero no compensaba lo que me quitó. Hasta que tuve una conversación con él y ya quedamos en paz.

¿Hace qué tiempo?
Fue algún tiempo atrás. Hablé y quedamos en paz.

¿Qué es la fe para usted?
Es amor. Amor por lo que uno es y por lo que uno tiene.

¿Ora bastante?

Sí. Oro por la comida de cada día. A veces me olvido. Todo es cuestión de costumbre. A veces agacho la cabeza y converso con Dios.

¿Qué libro le dejó una lección de vida?
He leído muchos libros. ‘El Principito’, ‘El Alquimista’, ‘Coquito, en la Escuela’, ‘Cien años de soledad’. Muchos los he visto en película.

¿Le afectó la muerte de su abuelita que lo crió?
Imagínate. Regresé a Santo Domingo para estar con ella y fue otro golpe duro.

Llorar es bueno...
Creo que he llorado unas cuatro veces en mi vida. No tengo esa virtud.

¿Por qué ha llorado?
La primera a los seis años cuando perdí a mis padres (en un accidente). De ahí, si mal no recuerdo, fue cuando murió mi abuelito. Lloré por otras circunstancias y la última vez fue hace unas pocas semanas cuando estuve con la gente del terremoto.

¿Qué lo conmovió?
Tanto dolor de la gente. Ver tantos fallecidos.

¿Cómo están sus hijos?
Prefiero no hablar de ellos.

¿Cada qué tiempo puede estar con ellos?
(Silencio)... Lo que quiero es estar con ellos. Pasar juntos y hacerlo antes que sean más grandes y tengan que venirme a visitar cuando esté en la hamaca descansando en el silencio de la finca.

Dicen que los hijos solo son prestados...
Qué te diré. Tuve a mis padres poco tiempo...

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