16 de octubre de 2016 00:45

Los jugadores del Quito venden ropa y productos tras el descenso

Carlos Espinosa, Eddie Guevara y Javier Hinostroza ahora obtienen recursos con el comercio informal. También se entrenan para volver a jugar en el 2017. Fotos: Álex Puruncajas/ EL COMERCIO.

Carlos Espinosa, Eddie Guevara y Javier Hinostroza ahora obtienen recursos con el comercio informal. También se entrenan para volver a jugar en el 2017. Fotos: Álex Puruncajas/ EL COMERCIO.

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Álex Puruncajas
Redactor (D)
apuruncajas@elcomercio.com

Los lunes empiezan a las 04:00 de la madrugada para el arquero Carlos Espinosa. A esa hora ya está de pie en su hogar -norte de Quito- para iniciar el periplo de un viaje hasta Ipiales.

En la localidad colombiana compra ropa y artículos de uso personal. Luego, los vende a conocidos o personas que le hacen pedidos desde la capital.

‘Calolo’, como es conocido el arquero imbabureño de 27 años, se dedica a este nuevo oficio tras el descenso del Deportivo Quito, en el que jugó entre enero y septiembre.

La pérdida de categoría del tradicional club quiteño cayó de golpe el pasado 9 de septiembre. ‘Calolo’ estaba en su hogar cuando recibió una llamada de un compañero, quien le comentó sobre la noticia.

Se puso a meditar sobre su futuro. Conversó con un primo, quien le dijo que no podía quedarse inactivo y que podía obtener dinero si se dedicaba a ser comerciante informal.

Al golero -que también pasó por Liga de Quito, Olmedo, El Nacional y Aucas- no le desa­gradó la idea. Decidió involucrarse en el negocio para obtener recursos para sostener a su familia. Su esposa, Vanesa Carcelén, lo apoyó en su plan. Con su pareja procreó a sus hijos Carlos, de 3 años, y Johan, de 4.

Poco a poco le tomó gusto a esta nueva actividad. Por ello, en ocasiones, también viaja los jueves a la ciudad colombiana.

Su viaje se inicia en la terminal terrestre de Carcelén, aproximadamente a las 04:15. Ahí, se sube a un bus que lo lleva hasta el valle del Chota, donde viven algunos de sus familiares. Cuando llega a su pueblo natal toma su camioneta y viaja hasta Ipiales.

Él se siente tranquilo con su nueva actividad, aunque admite que el fútbol es su pasión. Por eso, trata de mantenerse en forma y, el resto de días de la semana acude a entrenarse al Complejo de Carcelén con siete jugadores que se quedaron en el Quito, pese al descenso.

Ellos practican con juveniles y talentos que se prueban para jugar con el equipo en la Segunda categoría del 2017. No pueden ir a otro equipo en los meses que restan del año porque el ‘libro de pases’ del fútbol ecuatoriano ya se cerró.

“En la vida no hay que arrepentirse. Cuando vine al Quito pensé en jugar todo el año. Intento mantenerme en forma para volver a jugar en el 2017”, repite ‘Calolo’, en Carcelén.

Eddie Guevara

Eddie Guevara sale del complejo del Deportivo Quito, al mediodía, con los audífonos puestos. Le gusta escuchar música para quitarse el estrés y alejar “los malos pensamientos” ante la falta de actividad profesional futbolística.

El esmeraldeño es uno de los 28 jugadores que se quedaron en el desempleo tras el descenso del Deportivo Quito. Siete de ellos, incluido Guevara, acuden al complejo, de lunes a viernes, para mantenerse en buena forma física. No reciben salarios por ello.

Por eso, algunos buscaron otras actividades para obtener dinero. Eddie empezó a interesarse más en la compra de ropa, en Estados Unidos. Cuenta que, en ocasiones, le traen prendas desde ese país y él las distribuye en Quito.

“Son cachuelitos que ayudan en estos momentos”, cuenta el esmeraldeño, de 25 años, luego de una de las prácticas en Carcelén. Por el momento, no sabe si continuará en el equipo el próximo año o se vinculará a otro plantel.

Estos días solo puede entrenarse: el período de transferencias de jugadores en el fútbol ecuatoriano se cerró el mes pasado. Por ello, no puede unirse a otro equipo en los meses que restan de esta temporada.

Su esposa, María José Espinoza, le apoya en estos momentos. “Es doctora y siempre me motiva y también ve por mi hogar. Ella es mi inspiración. Por ello, tengo que luchar”, dice el mediocampista, quien era uno de los titulares fijos en el Quito.

Eddie conoció del descenso en Deportivo Quito en Esmeraldas. No pudo contenerse frente a sus amigos y se le fueron las lágrimas.

Al principio, empezó a recibir mensajes por WhatsApp de periodistas que le preguntaban si conocía la noticia. No entendía bien lo que le preguntaban. Por ello, llamó a uno de ellos y se enteró bien del tema.

Volvió a la capital y empezó a trotar por su cuenta en el parque La Carolina. Luego de 10 días, acudió al Complejo de Carcelén para entrenarse bajo la guía de Luis Cherres.

Eddie se siente en buen estado físico y dice que pasa un momento de prueba. Por eso, recuerda el salmo 23 de la Biblia. “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. También se acuerda del exjugador John Cagua, quien siempre le repetía que no olvidara sus orígenes. Cree que en el 2017 todo mejorará.

Javier Hinostroza

El mediocampista esmeraldeño Javier Hinostroza, de 26 años, está seguro de que volverá a jugar fútbol profesional la próxima temporada. “De que algo sale... sale”, dice convencido en el barrio Carapungo, en el norte de Quito.

Por ese sector se mueve todas las mañanas en busca de opciones para conseguir recursos económicos. Tiene que pagar el arriendo de su casa y los gastos de su familia, y las deudas, un monto que supera los USD 1 000 mensuales. Quiere que su hija Anika, de 5 años, y su esposa Cinthia, tengan comodidades. Pero estos días pasa apremios para lograr recursos.

Los últimos ahorros que tenía los invirtió, hace un mes, en la compra de pantalones, camisetas, blusas... Un primo le traía esas prendas desde Colombia. “Cada remesa de ropa la enviaba a mi local, en San Lorenzo (el cantón donde nació) para venderlos. Pero ya se me acabó el dinero”, cuenta el aguerrido mediocampista ‘5’ que integró el Deportivo Quito, equipo que perdió la categoría el pasado 9 de septiembre.

Tras el descenso del club, Javier acudió al complejo deportivo del equipo, en Carcelén, para retirar sus pertenencias y para conocer sobre el futuro del club. Entonces, el técnico Luis Cherres dijo a los jugadores que volvieran a las prácticas luego de 10 días.

El esmeraldeño se presentó a esa convocatoria. Pero se dio cuenta de que solo tendría que entrenarse. No jugaría partidos y no podría obtener los pagos de salarios atrasados que el club adeuda a los jugadores.

Entonces, prefirió dedicarse a buscar ingresos de otra forma. Por ello, quiere abrir nuevamente su local, en San Lorenzo para continuar con la venta de ropa.

“En el Quito nos cancelaron solo lo de febrero”, asegura y añade que los jugadores también recibían dinero de auspiciantes del plantel.

Con todo, el mediocampista -que también jugó en el Olmedo, UTC y en el Cumandá- es optimista. Los fines de semana juega con otros futbolistas desempleados y exjugadores -como Klever Reasco y Facundo Coroso- en una cancha sintética. Otras veces, trota 40 minutos por las calles de su barrio. En ocasiones, va a la práctica del Quito. “Tengo que mantenerme activo. Cualquier momento podré jugar nuevamente”.

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