15 de enero de 2018 00:00

Histórico cierre de feria: Ponce y El Juli a hombros con el ganadero

El Juli (izq.) y Enrique Ponce salieron a hombros, en Manizales. Foto: EFE

El Juli (izq.) y Enrique Ponce salieron a hombros, en Manizales. Foto: EFE

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Gonzalo Ruiz Álvarez 
Desde Manizales (I)

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La corrida del sábado, 13 de enero del 2018, en Manizales fue el brillante colofón de una de las ferias más importantes de América.

Enrique Ponce y Julián López, ‘El Juli’, se fueron a hombros de la plaza. Ponce cortó cuatro orejas y El Juli, dos. Con los tendidos llenos se lidió un encierro de pareja presentación, en el tipo de la casa, de buen juego que se prestó para un espectáculo inolvidable.

El toro Canario, N°107, de 498 kilos, corrido en primer lugar fue indultado por el maestro Ponce. Dos reses más fueron aplaudidas en el arrastre.

Los dos diestros saludaron fuerte ovación al finalizar el paseíllo como reconocimiento al afrontar un cartel de máxima categoría en el toreo actual.

Enrique Ponce lanceó con primor a la verónica a su primero, que empezó a cantar su nobleza, fijeza y capacidad de humillar sin dar tregua. Exquisito quite por delantales.

El inicio de su faena de muleta por trincherazos y pases por el pitón derecho ya cantaba la dimensión de lo que vendría luego. Una de las faenas de magisterio, temple y arte que pocas veces se ven,compuesta de derechazos hondos, compuesta de seis series rematadas con forzados y pases de pecho, pródiga en circulares de duración eterna y dos series con la izquierda, de calidad, a media alturas tal y como lo pedía el toro por ese pitón. Indulto y doblones finales para dos orejas y vuelta al ruedo entre el clamor de la multitud.

La embestida suelta del segundo del lote del diestro de Chiva fue recogida con tres verónicas genuflexas y chicuelinas aprovechando la tendencia a tablas de la res. Los doblones de inicio lograron imantar al toro en la muleta y de allí la faena cobró rumbo y la labor del diestro, plenitud de torería. Los pases por derecho y al natural tuvieron compás, arte y magisterio.

Ponce toreó despacio y a gusto y esa manera de disfrutar del torero hizo volcarse a los tendidos en una salva de aplausos constantes. Los remates con afarolados, pases de pecho, muletazos invertidos fueron largos y tersos. Tras las poncinas con la muleta, como lo hizo en Málaga, tomó el capote y se prodigó en poncinas vibrantes.

Doblones colosales en el remate. Con una estocada baja de efectos inmediatos las dos orejas y la vuelta al redondel premiaron la obra de arte.

El maestro volvió a brillar en el quinto con aterciopeladas verónicas. Con muletazos ayudados por alto comenzó su labor en el tercio final. La faena fue un alarde de técnica rematando los muletazos arriba para que el toro no se derrumbe y el temple, marca de su tauromaquia, fue de nuevo el elemento clave.

Cinco series de derechazos y tres de naturales –una de ellas, superior– fueron parte fundamental de esta clase del arte del toreo. Sorprendió Ponce con un molinete de rodillas para crear lo inesperado, los naturales de hinojos, cruzándose al pitón contrario fueron el epílogo sensacional.

Los gritos de ¡torero, torero! surgieron espontáneos y tras un pinchazo, una estocada caída y dos descabellos la vuelta al anillo fue un homenaje a 28 años de torería en plenitud. Y vino el cántico de ‘Pooonce, Pooonce’, como en los buenos tiempos de su rivalidad con Rincón.

Julián López, ‘El Juli’, derrochó voluntad, raza y buena técnica en un excelente trasteo por naturales y derechazos de buen corte, que sacó a flote las virtudes del toro, humillando con calidad. La espada le privó de dos orejas merecidas. Ovación.

El torero de Velilla, que ya suma esta temporada 20 como matador de toros, recibió a su segundo con una larga cambiada y muy buenas verónicas mecidas y pintureras. Galleo por chicuelinas para llevar al toro al caballo y lopecinas jaleadas. La faena de muleta fue plegada de buenas tandas por ambos pitones aprovechando el son del toro y final con luquesinas. Estocada desprendida, dos orejas y aplausos al toro en el arrastre.

Buen recibo de El Juli por verónicas y quite por chicuelinas. Una vez más desplegó un trasteo por derechazos y naturales con algunos pasajes lucidos y contagio a los tendidos, que a esta hora estaba pleno de recuerdos imborrables. Dos pinchazos hondos y descabello.

Al final de la corrida ambos diestros se fueron por la puerta grande, les acompañó a hombros en la vuelta al ruedo el ganadero Miguel Gutiérrez.

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