19 de November de 2012 00:03

Tres historias de amor al ‘Papá’

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Medio barrio conoce a Miguel Tamayo en la Loma de Puengasí. Y no es ninguna exageración.

Aunque no lo ubican por sus nombres -el primero es Eudófilo- los habitantes de ese populoso barrio, al oriente de Quito, saben dónde vive el hombre que todos los fines de semana mete bulla en ese sector.

A la pregunta: “Disculpe, ¿conoce la casa de Miguel Tamayo?”, Carlos Cruz, dueño de una cabina telefónica, contesta “no”. Antes de cerrar la puerta y dirigir sus ojos a su ordenador pregunta: “¿Cómo es?”.“Es un señor que cada fin de semana va al estadio para alentar al Aucas”. Cruz piensa un momento y luego dice: “Espere, sí lo conozco, él siempre pasa por este negocio flameando la bandera del Aucas. Su casa está más abajo”.

Tamayo es de baja estatura, mide 1,40 metros, tiene sentido del humor, le gusta la música nacional y, como varios amantes del arte, es un eterno enamorado.

A sus 75 años tiene dos amores: su esposa María Hermosa y el Aucas. La relación con su “señora” le ha dado muchas alegrías a su vida y uno que otro disgusto, como todas las parejas, asegura. Pero con el ‘Papá’ Aucas, la situación sí que ha sido tormentosa, dolorosa...

Con su equipo se ha enojado, se ha reconciliado y aunque por ahí dicen que “los hombres nunca lloran, también he llorado”.

A Miguel, como se ha resignado que lo llamen porque se cansó de explicarle a la gente cómo se pronuncia Eudófilo, se le volvieron a aguar los ojos el miércoles.

Ese momento de flaqueza sucedió mientras se preguntaba, sentado en el sillón de su casa y mirando un rodapié con el logotipo del equipo ex petrolero, “¿cómo es posible que un equipo con tantos hinchas viva este infierno?”.

Con la palabra infierno, Miguel se refiere al descenso a la Segunda categoría, en el 2009.

Pero a pesar de los inconvenientes que han surgido en la relación, Tamayo quiere reencontrarse con su gran amor en la Serie A. Anhela revivir las imágenes que le dejó el partido en el que Aucas venció por 5-1 a Liga (Q), el 17 de septiembre del 2004, en el estadio de Chillogallo.

Mientras llega ese día, el padre de cuatro hijos seguirá estrechando lazos con el equipo que lo enamoró en una visita al estadio de El Arbolito, cuando tenía 17 años.

Este aficionado es de Guaranda y llegó a Quito porque le contaron que en la capital había “niñas bellas” (risas). En realidad, llegó a la ciudad para buscar trabajo.

Inicialmente, lo hizo como conductor de un colectivo de la cooperativa Benalcázar -ya desaparecida-. Se jubiló en el Consejo Provincial de Educación.

Durante todos esos años se hizo conocer como hincha del Aucas, y hoy continúa promoviendo ese sentimiento. Lo hace vistiendo la casaca oriental cuando sale a caminar o mientras conduce.

Es su camioneta, precisamente, recorre las calles de ese barrio invitando a los moradores a asistir al estadio del sur para dar ánimos a los pupilos de Julio Asad.

Para que el mensaje se escuche fuerte y claro, este aficionado tuneó su camioneta Datsun del año 78. Hace cinco años le puso dos parlantes y le pegó tres adhesivos.

En esta aventura Tamayo cuenta con el apoyo de su María Hermosa, con la que viaja de ciudad en ciudad apoyando al Aucas, y a la que le dice: “Te seguiré a dónde vayas, así como a mi Aucas”.

Tacuri se mantien en vela hasta lograr el ascenso

No descansa. Confiesa que duerme poco y le consume a diario la ansiedad. Ve cerca el ascenso del ‘Ídolo’ y ya quiere que el calendario se coloque en el domingo 25 para poder celebrar el ascenso de su querido Aucas.

Entre risas confiesa que ese día irá chuchaqui a ver el decisivo juego entre Aucas y Pilahuín Tío. Un día antes tiene previsto celebrar su cumpleaños 37.

Para ese día no quiere que le regalen ropa, zapatos o cualquier otro presente. Él está seguro de que al día siguiente su equipo le dará el “mejor regalo del mundo”.

Tacuri es hincha del club oriental desde que era un niño. Revela que su pasión la transmitió su padre Juan y que este, a su vez, heredó la afición de su abuelo, también llamado Juan.

Aunque nunca presenció un cotejo del Aucas arrollador en el estadio de El Arbolito en la década de los 40, él se conoce de memoria la historia de su club.

Por eso cuenta los días para ver a su Aucas lejos de la Segunda categoría, la tumba de clubes como el América, El Patria, El Everest...

Durante las horas de insomnio, Tacuri se imagina los duelos Aucas-Liga (Q) o Barcelona-Aucas, época que la vivió y de la que no se olvida.

En las noches en las que le es imposible pegar sus ojos, él también piensa en letras de canciones para alentar al equipo desde las gradas. Inspirado en el equipo oriental, junto a otros hinchas, adaptó un tema argentino para rendir tributo al club. El tema se llama Otra vez en primera van a ver a ‘Papá’.

La canción, interpretada por la ecuatoriana Patricia Altamirano, integrante del trío La Tres Marías, es bastante pegajosa y ahora ya se ha transformado en el himno de la barra Guardia Oriental.

Tacuri es fundador de ese colectivo, que ya suma ocho años de vida. Antes, formó parte de la reconocida Armagedón. Alentar desde las gradas es su pasión, por eso nunca falta al estadio.

En esta temporada, Tacuri y los integrantes de la barra han viajado a Latacunga, Santo Domingo e Ibarra. Hasta el momento, Tacuri ha liderado 84 tours. La primera caravana en la que participó fue en el 2001, cuando el ‘Ídolo’ enfrentó al Necaxa, en el Atahualpa, por la Copa Merconorte.

Esa ha sido solo una de las múltiples locuras que ha hecho en honor a su club. La más grande y de la que prefiere no hablar ocurrió en el 2008, cuando Aucas salvó la categoría en la B, tras derrotar 2-0 a la Liga de Cuenca, de visitante.

Ese día, su novia quería pasar la tarde con él, pero este tenía otros planes: movilizarse a Cuenca para alentar al equipo.

Fue entonces cuando ella le dijo “El Aucas o yo”. Tacuri respondió: “Me quedo con mi equipo”.

Este hincha dice ahora que es la mejor decisión que ha tomado, ya que no se habría disculpado el no haber estado con su equipo.

Al regreso de su viaje, al hincha no le quedó más que utilizar la línea blanca -en su caso amarilla- que compró para formar su nueva familia. Aunque la experiencia le dolió, dice que volvería a hacerlo, si en medio está el Aucas. Pero por ahora los tema amorosos no le inquietan. Hoy está pensando en seguir picando papel para festejar su aniversario en la ‘Caldera’.

La familia Valenzuela sigue al equipo en su travesía

Cuando Aucas bajó a la Segunda, la familia Valenzuela se divorció del equipo. Estaban cansados de la mala administración, de ver al club sumido en una profunda crisis futbolística y financiera. Entonces, decidieron no ir al estadio. Pero cuando la sangre llama, nada se puede hacer.

De ello está seguro Juan Carlos, un hincha de 42 años, que se enamoró del equipo cuando este convocaba a miles de personas en el estadio Atahualpa. Todo ello lo vivió en compañía de su padre Carlos, otro seguidor del equipo.

Por toda esa historia que hay detrás, es que Valenzuela se reconcilió con su equipo y se asoció .

Con su tarjeta en la mano, presume algunos de los beneficios, entre ellos: evita las columnas para adquirir uno de los boletos para el partido Aucas vs. Pilahuín Tío, por la final del torneo de Segunda, el próximo domingo.

Tras presenciar la campaña del club durante este año ,en el que ya está a solo un cotejo de dar la vuelta, el hincha cree que asociarse al equipo fue la mejor decisión. Por eso, el siguiente año presionará a su padre para que lo haga.

Sus dos hijos no tienen necesidad de hacerlo, pues forman parte del grupo de ‘cheerleaders’ que anima a la hinchada en el estadio mientras los jugadores se alistan para salir a la cancha.

Para apoyar a Aucas en la actual temporada, Juan Carlos también involucró a Vilma Gallegos, su esposa, quien se convirtió en madre por tercera ocasión, hace dos meses. Con una sonrisa, ella aún recuerda que alentaba a los jugadores mientras su bebé crecía en su vientre.

El sábado no vio al equipo, pero adelantó que hará lo posible por asistir al estadio el 25 de noviembre. Carlos y Juan esperan que sea así, porque ellos cuentan los días para festejar el triunfo.

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