5 de March de 2014 17:25

Siete lecciones del triunfo de Ecuador frente a Australia

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El partido de Ecuador con Australia merece unas reflexiones, sobre todo por el terrorífico primer tiempo, a pesar de que el pleito acabó 4-3 en Londres en una gran remontada que merece matices.

1. Experimentar es bueno, pero...

En realidad, Australia era la última oportunidad para probar. Después de todo, los amistosos son justamente eso, espacios para evaluar, tomar nota y, por supuesto, descartar si es necesario. Pero esta Tricolor del técnico Reinaldo Rueda tenía el problema de que no estaba absolutamente consolidada como para aplicar un laboratorio tan agresivo como el que se vio en Londres. ¡Cambiar toda la zaga, con arquero incluido! ¡Tapó Bone, el tercer guardameta! Australia no es una potencia mundial, es candidato firme a ser eliminado en su grupo mundialista en el segundo cotejo. Se esperaba ver lo contrario de lo que pasó en The Den: a Ecuador atacando y a los australianos agazapados. Pero no, el primer tiempo fue ridículamente al revés. En el segundo tiempo por fin pasó lo lógico: la Tricolor a toda velocidad y los australianos sufriendo.

2. Se cayeron las marcas

El principal problema de Ecuador en el primer tiempo fue la escasa marca en el mediocampo. La impensada presión australiana desarmó a una Tricolor paquidérmica. Antonio Valencia y Christian Noboa fueron superados sin atenuantes por Jedinak, Rodic,Leckie y Oar. ¿Esto se debe al nivel discreto de ambos en sus clubes europeos? Ecuador la pasa mal cuando uno de los dos está flojo, ¡pero con los dos en mal momento ha sido terrible! Mejor lució Segundo Castillo, que apoyó hasta donde pudo para evitar la lluvia de centros que le arrojaron. De hecho, Castillo era el jugador más sereno para cobrar el penal. Lo hizo bien.

3. Achilier se sacó solito de la Tricolor

Confirmado: Gabriel Achilier debe estar en la banca. A pesar de su malísima racha en Flamengo, Frickson Erazo es más seguro, sobre todo por arriba. El emelecista carece de los recursos necesarios para marcar a lo Puyol, con fuerza pero con legalidad. Achilier es fuerza bruta básicamente al servicio del rival.

4. El orden de los factores sí altera el producto

Lo lógico es saltar al campo con los mejores y luego hacer las variantes. Rueda lo hizo al revés. Desconcertante. Extraño. Eso transmite temor. Dudas puede haber, pero no al punto de no saber cómo para a toda una línea, no al punto de "veamos cómo nos va". Poner a los mejores cuando vas tres goles abajo no sirve para evaluar nada que no sea la voluntad, el compromiso, la enjundia.

5. Felipao en crisis

Desde su colapso en Rusia, el delantero está en crisis. Ha perdido ritmo y parece que también jerarquía, pues el balompié de Dubái carece de valor en el mundo real. A este paso, Felipao quizás ni siquiera llegue al Mundial.

6. El segundo tiempo, muchísimo mejor

Los cambios le dieron a Ecuador otra velocidad, otra predisposición. Tocar de primera, comerse las bandas y ganar la raya son obligaciones en un cotejo internacional. Noboa estuvo más suelto, Antonio Valencia tuvo más espacio y Fidel Martínez tuvo más movilidad en el ataque que Felipao. Montero sigue siendo el jet que se necesita. Enner Valencia se vio más cómodo pero estuvo impreciso, aunque después de la patada voladora que me metió el silvestre arquero Langerak, en la acción para el penal, es para quedarse algo mareado. En todo caso, hizo el tercero y demostró que debe ser titular. Si así hubiera empezado el partido, Australia jamás hubiera metido tres goles. Sin embargo, el nivel general no puede considerarse satisfactorio y queda la incómoda sensación que Ecuador apenas tiene alternantes. Después de todo, hubo seis cambios, algo que en el Mundial es imposible.

7. Cuatro goles son cuatro goles

Parece que se acabó el mito de que falta gente con oficio de gol. Lo que falta es generar las oportunidades. Fidel, Enner, Castillo y Édison Méndez marcaron en diferentes circunstancias. También se cae el mito de que Felipao era la única esperanza de Ecuador. Pues no: la esperanza está en lo de siempre: jugar bien. Eso es todo.

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