5 de April de 2010 00:00

Con un penal, U. Católica logró su segunda victoria

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Carlos A. Rojas .

A pesar de la derrota de Espoli por 1 - 0 frente a Universidad Católica, los aficionados de Santo Domingo de los Tsáchilas reconocieron con aplausos la entrega de los jugadores locales.

Católica marcó el gol por intermedio de Omar Guerra, quien hizo efectivo un lanzamiento penal en el minuto 60.

Hasta aquel momento, el partido había sido equilibrado en la tenencia del balón. Sin embargo, Católica había tenido más oportunidades de anotar.

Espoli, después del gol, pasó a dominar el encuentro y atacó más por los costados. Pero los locales no lograron inquietar mayormente el arco defendido por el ‘camaratta’ Cristian Mora.

En el ataque de los católicos destacó el chileno Manuel Neira, quien ingresó al inicio del segundo tiempo. En su debut jugó por el costado derecho y se entendió bien con Walter Iza.

Fue entonces que Adrián Bone se convirtió en la figura de los policiales, pues con sus atajadas impidió que el marcador se incrementara a favor de los visitantes.

El portero de 22 años se afianzó en el arco policial a raíz de la lesión de Edwin Villafuerte, en el partido frente a Deportivo Quito, por la tercera fecha.

Al final del cotejo, los aficionados locales lo aplaudieron y hasta corearon su nombre.

Ya en los minutos de descuento Espoli tuvo la opción más clara de igualar el partido.

Ocurrió cuando se habían jugado cuatro minutos de adición.

En el arco de Católica estaba el defensa Juan Triviño, quien se colocó el buzo de arquero para reemplazar a Cristian Mora, quien fue expulsado en el minuto 90 por doble cartulina amarilla.

Triviño impidió que Cristian Márquez igualara el cotejo.

Márquez recibió un pase por el costado derecho y quedó solo, en el área, frente al portero. Pero su remate fue desviado por el improvisado guardameta.

Al finalizar el partido, los jugadores ‘camarattas’, en el camerino, estaban contentos y agradecieron, abrazados y haciendo un círculo, con una oración por la victoria. Los policiales, por el contrario, ni siquiera querían salir de los vestidores.

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