26 de May de 2013 00:01

El día en que Robben se quitó la sal

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Arjen Robben se arrodilló en el verde césped de Wembley, cerró los ojos y estrechó sus puños. Su imagen era la estampa del júbilo, la imagen deportiva de un ganador, de un deportista al que ayer el fútbol le concedió una revancha, le dio la posibilidad de salir, por primera vez feliz, en una final trascendental en su carrera.

El delantero holandés fue la figura del Bayern Munich, el flamante campeón de Europa. Lo hizo anotando el tanto decisivo a dos minutos del final, en una apretado partido, en la cual el equipo bávaro se impuso por 2-1 al Borussia Dortmund, en uno de las finales más emocionantes y parejas de las últimas temporadas.

Gracias al tanto de Robben, el equipo de Múnich logró llevar a sus vitrinas su quinta corona en la Liga de Campeones y en diciembre disputará el Mundial de Clubes como representante europeo.

El Bayern se puso en ventaja gracias a un tanto de Mario Mandzukic, a los 60 minutos. Empató el juego el turco Ilkay Guldogan y al final Robben puso el 2-1.

Luego del partido, el holandés era el más eufórico y se llevó todas las imágenes y elogios. A Robben le seguía la maldición de las finales. Esa maldición, por ejemplo, le impidió ser campeón con Holanda en el partido decisivo del Mundial de Sudáfrica 2010.

El equipo naranja perdió aquel juego ante la España de Vicente de Bosque, que solo pudo vencer en los últimos minutos. En ese partido, Robben dispuso de al menos tres opciones claras de anotar (una de ellas enfrentándose mano a mano con Íker Casillas), pero falló.

Algo similar le ocurrió el año pasado cuando el Bayern Munich llegó a la final de la Champions que se disputaba en su estadio el Allianz Arena ante el Chelsea.

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Era una ocasión ideal para que el Bayern consiga su quinta corona, pero nuevamente el exquisito Robben volvió a fallar en un encuentro decisivo. Pese a su gran capacidad para regatear, para manejar el balón con velocidad, el holandés dispuso de opciones que no pudo resolver. Al final, Chelsea quedó campeón y todas las críticas apuntaron hacia él.

Ayer incluso, por momentos Robben mostró esas vacilaciones que le han impedido ser considerado uno de los grandes jugadores del fútbol mundial. Sin embargo, en la definición del partido, cuando todos en Inglaterra ya se alistaban para el tiempo suplementario, el delantero mostró su dominio para vencer al golero del Dortmund, Roman Weidenfeller.

El equipo alemán, que también gobernó con autoridad en la Bundesliga y se coronó campeón fechas antes del final del torneo, vive sus mejores días. Su técnico Jupp Heynckes dejará victorioso su cargo y será reemplazado desde mediados de año por quien es considerado uno de los mejores entrenadores del mundo: el español Josep Guardiola.

Heynckes emuló en Wembley a Ernst Happel, Ottmar Hitzfeld y Jose Mourinho , quienes tienen la marca de haber ganado la Champions con dos equipos distintos. Antes el entrenador la había ganado con el Real Madrid.

El Bayern fue un equipo que demolió a sus rivales a lo largo del torneo. Además de Robben, tuvo a figuras de alto nivel como su capitán Philip Lahm un especialista en el arte de proyectarse y lanzar centros; el volante Bastian Schweinsteiger, uno de los pocos jugadores actuales que salió de la cantera y que aportó carácter y juego.

También destacaron valores como el lateral austríaco David Alaba, considerado uno de los mejores del torneo. Alaba mezcla la potencia, el despliegue, una correcta lectura del juego y un buen remate de media distancia.

Las alineaciones

Bayern:  Manuel Neuer; Philipp Lahm, Jerome Boateng, Dante, David Alaba; Javi Martínez, Bastian Schweinsteiger, Arjen Robben; Thomas Mller, Franck Ribery y Mario Mandzukic.

Borussia  Roman Weidenfeller; Lukasz Piszczek, Neven Subotic, Mats Hummels, Marcel Schmelzer; Sven Bender, Ilkay Gundogan, Jakub Blaszczykowski, Marco Reus; Kevin Grosskreutz y Robert Lewandowski.

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