1 de March de 2011 00:00

‘Al principio no sabíamos para qué servía tener una cuenta en Twitter’

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Maximiliano Bevacqua proviene de un pueblo de 15 000 habitantes. Decidió raparse cuando empezó a perder el cabello.

¿Desde cuando usa el ‘look’ rapado a cero?

La verdad es que empecé a raparme desde el 2006, en Europa. Con un amigo decidimos hacerlo y me gustó.

¿Pero tuvo alguna razón en especial?

(Se toca la cabeza y ríe) La verdad es que, como todo el mundo, tenía pelo; pero llegó un momento en el que ya dejó de crecer. También por eso tomé la decisión de raparme.

¿Y en Europa no le daba frío tener la cabeza rapada?

No, lo que pasa es que allá no tenía rapado a mate. Recién el año pasado en Manta decidí pasarme la máquina a cero.

¿Su esposa (la argentina Lucrecia Portmawn) se enojó o le dijo algo?

(Regresa a ver a su esposa y le sonríe) No, ¿verdad, amor? Creo que no hubo problema con eso. Me siento bien así.

Tengo entendido que le gustan las redes sociales... ¿Cómo le va con su cuenta en el Facebook?

Bien. La verdad es que la creamos cuando estábamos en Europa. Recuerdo que era más chico y mis compañeros de club eran más pequeños todavía y chateábamos, poníamos la hora de los entrenamientos y los partidos.

¿Y ahora para qué le sirve?

Me sirve para subir fotos de Milan (su hijo), para que los abuelos, los tíos y los primos lo conozcan y vean que estamos bien.

¿Y con Twitter como le va?

La verdad es que al principio no sabíamos para qué era, pensábamos que era para poner videos de fútbol. Así que mi esposa abrió una cuenta en Twitter y ahora ya podemos seguir a algunas personas. Incluso sigo a algunos periodistas deportivos como Alfaro Moreno y Andrés Gushmer.

Pero estas redes sociales' ¿le han traído problemas?

(Sonríe y niega con la cabeza) No, la verdad es que no ando en ninguna cosa rara. Siempre estamos en contacto con los amigos y con la familia.

Con los vecinos de su edificio, ¿ya ha conversado?

No, es que no vemos mucha gente, hemos visto a las personas que viven al lado; pero no hemos conversado. Además, no hay muchas personas, por lo que el edificio es nuevo en el sector.

¿Es más difícil vivir en Ecuador que en Argentina o que en Europa?

Ecuador es muy parecido a Argentina, no tenemos problemas con el idioma, ni con la comida. En Europa, específicamente en Suiza y Grecia, tuve problema con el idioma. Pero gracias a Dios mi esposa es traductora y sabe mucho inglés.

Y a usted, ¿cómo le va con el inglés?

Al principio bien, pero luego ya no. Por suerte vinimos ya para Ecuador.

¿Y con la comida tuvo problema en Europa o Ecuador?

No. La suerte es que en Argentina comemos mucha pasta. En Europa íbamos al supermercado y conseguíamos todo. Así que no fue un problema. Y aquí menos, es más, extrañamos el cebiche, en especial el de pescado.

¿Y usted sabe cocinar?

Cuando queremos comer pasta yo me encargo de cocinar. La carne y la salsa a la boloñesa. De ahí, Lucrecia es la que cocina.

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