22 de septiembre de 2016 00:00

La Serie B sobrevive con los derechos de televisión

Los jugadores del club Espoli, en la cancha de la Liga Los Valles, en Sangolquí. Foto: Mauricio Bayas / EL COMERCIO

Los jugadores del club Espoli, en la cancha de la Liga Los Valles, en Sangolquí. Foto: Mauricio Bayas / EL COMERCIO

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Mauricio Bayas

En ocho años, el volante William Araujo pasó de lograr títulos internacionales con Liga de Quito a pelear la titularidad en el Espoli, en la Serie B. En la ‘U’ recibía jugosos premios, pero ahora cobra su sueldo por quincenas en el plantel policial. No pasa apuros. Le adeudan septiembre, pero no gana un sueldo oneroso.

En el club del ‘Gallito’, el promedio de salarios va entre USD 366 y 1 000. “Nos pagan con algunos atrasos. En los últimos meses ya tenemos cancha fija para entrenarnos. No hay lujos, pero tenemos facilidades”, dijo Araujo, de 37 años.

En la Serie B hay problemas financieros. Hay gastos inevitables. Por ejemplo, los desplazamientos entre Sierra y Costa implican pagar buses, alimentación y hospedaje. En promedio, un equipo necesita más de USD 2 500 para viajar cuando juega de visitante.

Las planillas mensuales de los equipos no son altas. Macará, el puntero de la B y candidato al ascenso, gasta aproximadamente USD 60 000 en sueldos. Miller Salazar, el presidente del club, ha logrado en dos años disminuir el déficit, pero lucha por encontrar fuentes de financiamiento.

“Es un torneo difícil. Los viajes a Loja y Manabí son parte de la exigencia de estar en esta categoría”, cuenta Carlos Feraud, volante lojano que es figura en el equipo ambateño.

Hay un patrón administrativo que se repite entre los 12 equipos de la B: la principal fuente de financiamiento son los derechos de televisión. Este año, por exigencia de los presidentes de los clubes, se reparte el 20% del contrato. Los USD 3,9 millones se dividen entre los 12 equipos. Cada plantel recibe USD 330 000.

Eso representa hasta el 80 % del presupuesto en el Clan Juvenil, el Gualaceo, el Imbabura, el Colón y el Espoli. No hay otra fuente que sostenga la economía de los clubes. “Publicidad no hay. La gente no va a los partidos y las taquillas no alcanzan para nada. Los gastos de programación son altos. Más o menos unos USD 2 500”, calcula Fabián Serrano, presidente del Gualaceo.

Cuando hay retrasos en la entrega del dinero, todos los clubes pasan apuros. Walter ‘Mamita’ Calderón padeció en el Imbabura por los atrasos en los sueldos. Jugó el primer semestre del año, pero decidió abandonar el equipo por todos los inconvenientes.

La misma decisión tomó el entrenador Sixto Vizuete. “No teníamos canchas para entrenar. No había todas las facilidades que debe tener un equipo profesional. Ese fue el principal motivo para salir del equipo. Así no se podía trabajar”.

El desfile de entrenadores también ha sido permanente por los problemas económicos. En el Olmedo de Riobamba, por ejemplo, Julio Asad se cansó por todos los líos que tenía y prefirió marcharse del club. Ahora el ‘Ciclón’, campeón del fútbol ecuatoriano en el 2000, lucha por salvarse del descenso.

Los directivos plantearán cambios para el 2017. Quieren una estrategia que permita ­volver más atractivo el campeonato. Sin embargo, eso tendrá que ser discutido en las reformas del Congreso Ordinario, en enero.

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