4 de julio de 2017 11:21

Rusia demuestra que está preparada para el Mundial de 2018

En el estadio Otkrytye Arena, campo del Spartak, en Moscú, Rusia, una de las sedes de la Copa Confederaciones de la FIFA que se disputará del 17 de junio al 2 de julio. Foto: Sergei Chirikov/ EFE

En el estadio Otkrytye Arena, campo del Spartak, en Moscú, Rusia, una de las sedes de la Copa Confederaciones de la FIFA que se disputará del 17 de junio al 2 de julio. Foto: Sergei Chirikov/ EFE

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Agencia EFE

Rusia ha demostrado en la Copa Confederaciones que está preparada para el Mundial de 2018, al recibir una nota alta tanto de la FIFA, como de los futbolistas, técnicos y aficionados.

“Decían que los equipos no querían venir, hablaban de violencia, hinchas violentos y racismo, pero no hubo nada de eso. No hubo ningún incidente. Todo transcurrió de manera ideal. La infraestructura también es magnífica”, dijo Gianni Infantino, presidente de la FIFA.

Rusia ha convencido a los escépticos en todas las categorías: organización, estadios, infraestructuras de transporte, seguridad, voluntarios, burocracia y entradas.

Los cuatro estadios -San Petersburgo, Kazán, Sochi y Spartak Moscú- han asombrado a todo el mundo por su belleza, modernidad y funcionalidad.

El Kazán Arena, que incluye la pantalla de televisión más grande del mundo en su fachada, ha sido considerado el más bonito por muchos de los asistentes al torneo.

El del Spartak Moscú, situado a apenas unos cientos de metros de una boca de metro, el más cómodo; mientras el Fisht (Sochi) es el más espectacular, tanto por estar junto al mar Negro, como por su techo en forma de caparazón.

El “buque insignia” del torneo fue el San Petersburgo Arena, sede del partido inaugural y de la final, un estadio de casi 70 000 asientos con techo retráctil junto al Golfo de Finlandia.

Obviando los retrasos y escándalos de corrupción e impagos que rodearon su construcción, el mayor contratiempo de la Copa Confederaciones ha sido el estado del terreno de juego, criticado por el propio Cristiano Ronaldo.

De hecho, en una decisión sin precedentes, los equipos finalistas no pudieron entrenar en el estadio en víspera de la final con el objetivo de evitar un mayor deterioro.

La infraestructuras de transporte también se mostraron preparadas para recibir a los cientos de miles de seguidores que acudieron a los partidos, que podían desplazarse gratuitamente entre las ciudades sede sólo con enseñar su entrada.

Sólo se echó de menos un tren rápido entre Moscú y Kazán, ya que 12 horas en tren nocturno es un viaje demasiado largo para la distancia que separa ambas ciudades.

Las medidas de seguridad es lo que más ha impresionado a los extranjeros, ya que en su vida habían visto tantos policías como en Rusia, donde las autoridades se han tomado muy en serio evitar cualquier atentado terrorista o choques entre aficionados.

Además de cachear detenidamente a hinchas y reporteros en los accesos de los estadios, patrullas con perros garantizaban la seguridad en el metro, las principales calles y plazas de las ciudades, y frente a los hoteles.

Con la excepción de un apuñalamiento entre aficionados chilenos, no tuvo lugar ningún otro incidente violento, a lo que contribuyó sin duda las listas negras elaboradas por las autoridades para evitar la repetición de lo ocurrido en la Eurocopa de Francia.

El pasaporte de aficionado, una de las principales novedades del torneo, ha demostrado que ha sido todo un éxito, tanto a la hora de identificar a posibles infractores, como para facilitar la estancia de los extranjeros en Rusia.

Contra lo que aventuraban los más pesimistas, los aficionados de Chile, México, Portugal o Alemania no tuvieron dificultades a la hora de solicitar la entrada y rellenar los formularios por internet.

Los centros habilitados para recibir los pasaportes de aficionado (Fan ID) estaban situados en el corazón de las ciudades y cerca de los estadios, aunque para el Mundial se abrirán muchos más, ya que el flujo de extranjeros será mayor.

Tampoco ha habido problemas en materia de visados para los aficionados, pese a que Rusia es un país conocido por sus numerosos requisitos burocráticos.

Por ese motivo, la asistencia a los partidos del torneo de naciones rondó los 40 000 espectadores -en la final entre Alemania y Chile superó los 57 000- para un total de 600 000, una cifra más que decente para la Copa Confederaciones.

El gran número de voluntarios, muchos de los cuales hablaban español o portugués, ha contribuido sin duda a que la atmósfera durante el torneo fuera festiva, ya que cualquier aficionado en dificultades sabía que tarde o temprano se toparía con alguien que le sacaría del apuro.

En particular, los alemanes quedaron tanto satisfechos del trato, de las medidas de seguridad y de la buena organización que el capitán del equipo, Julian Draxler, escribió una carta abierta en la que agradeció a los rusos la hospitalidad.

El alemán Joachim Löw y el portugués Fernando Santos coincidieron el domingo pasado con la FIFA en que Rusia ha organizado la copa a un nivel altísimo y que el Mundial de 2018 será todo un éxito.

Cuatro ciudades no son once, que son las que acogerán partidos mundialistas el próximo año, y aún faltan varios estadios por inaugurar, pero Rusia ha demostrado que se ha tomado en serio su tarea y no piensa repetir los errores de Brasil.

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