6 de junio de 2014 16:34

Cesc, la madurez de un incomprendido

Césc Fábregas de la selección de España durante un entrenamiento de La Roja en Washington, DC. AFP

Césc Fábregas de la selección de España durante un entrenamiento de La Roja en Washington, DC. AFP

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EFE
Washington
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En vísperas de un gran torneo, una vez más Cesc Fábregas ve como su preparación se ve alterada por su futuro.

Ya está acostumbrado y nada le descentra. Ni la opción de renunciar al sueño de su vida y tener que salir por la puerta de atrás del FC Barcelona para regresar donde de verdad le valoran.

Hace años, estos días habrían sido un infierno para Cesc. Convertirse en ícono del Arsenal siendo un niño provocó que cada competición que afrontaba con España desatase los rumores antes del verano.

La Copa Confederaciones realizadas en Sudáfrica le sirvió para aprender. En el Mundial 2010 lo pasó mal entre el interés del FC Barcelona y del Real Madrid para acabar decidiendo su continuidad en el Arsenal.

No fue hasta el verano de 2011 cuando se certificó su vuelta a casa. La ilusión de Cesc se ha convertido en decepción después de tres años en los que la afición culé nunca le ha valorado como merece.

Sin olvidar que siendo canterano su regreso costó 40 millones de euros (USD 54,56 millones al cambio actual). Nunca tuvo una demarcación fija en el terreno de juego pero sus números han ido creciendo cada temporada.

Su dimensión tomó altura real en el fútbol inglés y allí es valorado por clubes como Chelsea, Machester City y Manchester United, que pelean por su regreso.

Ningún compañero de la selección española llega a entender su situación. Ni el núcleo duro que forman los futbolistas del Barça, a los que mejora a todos en números en una temporada que cerró con 13 goles en 55 partidos (0'24 por encuentro) y siendo el máximo asistente con 22 pases de gol.

Al azar un mago como Andrés Iniesta marcó tres tantos y repartió trece asistencias y Xavi marcó en cuatro ocasiones y repartió seis pases. Los silbidos que la grada nunca dedicó a los líderes en un año para el olvido, tuvieron en Fábregas el centro de la diana preferido.

Su 'padrino' Carles Puyol ya no está en la selección para protegerle en los momentos en los que Cesc da más vueltas a la cabeza que ningún futbolista.

Su íntimo amigo Gerard Piqué fue el que indirectamente provocó que sea tema de conversación con su desliz a micrófono abierto al confesar a Vicente del Bosque que ya está vendido por 33 millones de euros (USD 45,01 millones al cambio actual).

A sus 27 años, el que fuera niño maduro por emigrar a Londres con 17, ya nada le afecta igual. "Lo han hablado y ya está solucionado", desveló Pedro Rodríguez, otro culé que medita su futuro. "No es entendible lo que ha pasado con Cesc.

Es un jugador que siempre da todo y que ha hecho una gran temporada, con un gran rendimiento en números asistiendo y marcando muchos goles.No conseguimos ganar ningún título pero no entiendo porque todas las críticas se basan en un jugador", añadió.

Es la forma de pensar de todos los profesionales. Un pensamiento compartido. El propio Piqué fue el primero en lamentar el trato que su amigo ha recibido de la afición del Barça.

"Sé que está pasando una situación difícil, porque en el club no se le valora como merece. Es un jugador que en cualquier club del mundo sería pieza fundamental y básica, una estrella. Sin embargo, en el Barça le está costando más", lamentó, consciente de que ya está más fuera que dentro.

Ha provocado que los jugadores españoles que juegan en la 'Premier' todos quieran a Cesc en su equipo. Santi Cazorla sabe que es imposible económicamente que el Arsenal pueda recuperar al que fue su faro.

Juan Mata intenta convencerle para que sea el Manchester United su destino y tengan una conexión especial en el terreno de juego.

David Silva que lo haga en el City y los que hablan sabiendo que es el destino favorito, por ser su vuelta a Londres, César Azpilicueta y Fernando Torres, ya celebran la llegada de un perfil de jugador que no existe en la plantilla de Mourinho.

Mientras Fábregas asegura en privado que está bien y feliz por el paso que va a dar. Su felicidad se viste de rojo y sueña con volver a protagonizar un nuevo éxito con la selección española, donde hace tiempo sí se siente valorado por Vicente del Bosque como fórmula del éxito como falso nueve.

Y también está a casi 6 000 kilómetros de distancia en las conexiones que hace para hablar con su mujer Daniella y su hija Lia que le saca la sonrisa.

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