22 de junio de 2014 21:39

En Cuenca pocos estadounidenses se concentraron a ver el encuentro

Aficionados estadouidenses en el restaurante Expresso Bar en Cuenca. Foto: EL COMERCIO

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Redacción Cuenca
Cuenca
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Durante la tarde del domingo, hubo poca presencia de estadounidenses viendo el partido Portugal-EE.UU.

En los restaurantes y cafeterías del Centro Histórico de la capital azuaya. Quienes llegaron la mayoría son jóvenes que tampoco se contagiaron de esa alegría desbordante que provoca ver jugar a su equipo.

Antes de las 17:00, Bob Kucera, de 36, y Patrick Farwig, de 40, llegaron a Expresso Bar, de la Calle Larga para servirse algo y se quedaron hasta el final de este encuentro mundialista. En el primer tiempo estaban desanimados porque no veían buenas jugadas de su equipo.

En este restaurante unos 15 extranjeros vieron este partido. Farwig vive en Cuenca dos semanas y se quedará por tres meses más porque está aprendiendo español. Él contó que se contagió de emoción, el pasado viernes, cuando jugó Ecuador. “La gente es más alegre y vive el fútbol”.

A la misma hora en Terra Coffe, de la calle Benigno Malo, solo estaba Shantel Beckers, de 45 años, de California. Ella vive en Cuenca seis meses y llegó a ese restaurante para servirse una cerveza, “no precisamente para ver el partido”. Casi todo el tiempo estuvo ocupada en su portátil.

En el Hostal Restaurante Cigale, de la calle Luis Cordero, se registró más alegría. Allí los franceses Paúl Gayral y Jeremy Bernard acompañaron a la estadounidense Erin Sawyer a ver el encuentro Portugal-EE.UU. “Estamos disfrutando de la buena comida, del ambiente cálido y ver jugar al equipo de mi país”, dijo Sawyer.

Cuando Portugal anotó el primer gol no decayó su ánimo y tensión. “Estoy segura que ganaremos le decía a sus compañeros con optimismo”. Su emoción creció cuando EE.UU. empató y anotaron el segundo gol. Incluso, estuvo alegre hasta el final del partido aunque debieron contentarse con el empate de Portugal en el último minuto. Al final todos se abrazaron.

En Cuenca viven unas 3 000 parejas de estadounidenses jubiladas. Algunas de ellas prefirieron ver este encuentro mundialista en sus departamentos, en compañía de amigos y compatriotas. A otros no les interesó y prefirieron descansar o pasear por la ciudad.

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