27 de mayo de 2015 19:30

Blazer, el hombre que ayudó a EE.UU. a destapar la corrupción en la FIFA

El exsecretario general de CONCACAF y antiguo representante de Estados Unidos en el comité ejecutivo de la FIFA, Chuck Blazer

El exsecretario general de Concacaf y antiguo representante de Estados Unidos en el Comité Ejecutivo de la FIFA, Chuck Blazer

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Agencia AFP

Chuck Blazer, el hombre que de modesto entrenador del equipo de la escuela de su hijo llegó hasta el Comité Ejecutivo de la FIFA, fue el informante que ayudó a la justicia estadounidense a destapar el escándalo de corrupción más grande en la historia del fútbol mundial.

La decisión del Departamento de Justicia de Estados Unidos de presentar cargos a un grupo de altos ejecutivos de la FIFA por soborno, corrupción y lavado de dinero, no hubiera sido posible sin el micrófono oculto con el que Blazer grabó las conversaciones de estos personajes, a lo largo de los últimos tres años.

Ahora, con 70 años y según dicen enfermo de cáncer, el otrora hombre más poderoso del fútbol estadounidense decidió cooperar con las autoridades para desvelar los secretos de la FIFA, un organismo con más poder de convocatoria que la ONU y más cerrado que el Vaticano.

Corpulento y de espesa barba cana, Blazer fue la imagen del fútbol de Estados Unidos y Concacaf entre 1991 y 2013, cuando perdió su puesto en el Comité Ejecutivo de la FIFA. Y su fortuna personal creció paralela al desarrollo del deporte en la región.

Nacido el 26 de abril de 1945 en Nueva York, Charles Gordon Blazer no fue lo que se dice un amante de los deportes.

Su tardío amor por el fútbol nació una tarde de 1976 en que el equipo de la escuela primaria de su hijo se quedó sin entrenador, y 'Papá Chuck' se puso al frente, con tal entusiasmo, que ocho años después fue electo vicepresidente ejecutivo de la Federación de Fútbol de los Estados Unidos.

En 1986 conoció al trinitario Jack Warner durante el Mundial de Fútbol en México, y desde entonces mantuvieron un vínculo afincado en intereses comunes. Cuando no pudo ser reelegido en su cargo en US Soccer, convenció a Warner para que se presentara a las elecciones como presidente de la Concacaf.

Al frente de la campaña de Warner, Blazer amplió su red de contactos, y al salir electo, el trinitario le recompensó con el cargo de secretario general del organismo.

Experto conocedor del negocio del fútbol y vendedor avezado, hay que darle el mérito de haber reavivado la pasión por el fútbol en Estados Unidos y las finanzas de Concacaf.

El sitio BuzzFeed describe que Blazer fue el artífice del primer contrato de televisión para la Major League Soccer (MLS), en 1995. Una década después, la MLS firmó un acuerdo de derechos televisivos por 720 millones de dólares.

Esta no es la primera vez que Blazer sirve de informante a las autoridades. En mayo de 2011, fue el principal testigo en la investigación realizada por John P. Collins, exfiscal federal de los Estados Unidos y miembro del Comité Legal de la FIFA, que terminó en la suspensión de Warner y Bin Hammam, vicepresidente de FIFA, de todas las actividades de fútbol.

El nuevo presidente de Concacaf, Lisle Austin, intentó despedir a Blazer cinco días más tarde de asumir el cargo, pero resultó defenestrado por ir contra los estatutos del organismo.

Blazer se mantuvo como el poder detrás de Concacaf negociando los jugosos contratos de las Copas de Oro y otros torneos de Concacaf.

Pero su lujoso tren de vida llamó la atención de las autoridades estadounidenses. Con apartamentos en Nueva York, Miami y las Bahamas, cargaba a la tarjeta de crédito de Concacaf hasta 29 millones de dólares en gastos.

Tenía dos apartamentos en la Torre Trump en Nueva York. Una unidad de cuatro recámaras por la que pagaba 18.000 dólares al mes, y otra contigua de 6.000 mensuales, sólo para su extensa corte de gatos.

Atrapado por el Servicio de Rentas Internas (IRS) de Estados Unidos por evasión fiscal, derivadas de los 20,6 millones de dólares que recibió de la Concacaf entre 1996 y 2011, Blazer acordó ayudar a los investigadores a construir un caso contra otros funcionarios de la FIFA.

Accedió a colaborar con el Departamento de Justicia de Estados Unidos tras declararse culpable de conspiración de crimen organizado, fraude, blanqueo de dinero, evasión de impuesto sobre la renta, y por no presentar un informe sobre sus cuentas en bancos extranjeros.

También pagó una multa de 1,9 millones de dólares y acordó pagar otra cantidad indeterminada cuando sea sentenciado.

Diarios estadounidenses señalan que ayudó a convencer a otros dos importantes testigos del caso: Darryl Warner y Daryan Warner, los hijos de su exsocio Jack Warner.

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