22 de December de 2014 20:39

Miler Bolaños replanteó su disciplina para mostrar su talento

Miler Bolaños. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Ronald Ladines

Miler Bolaños solía llegar tarde a los entrenamientos en su primer año (2013) en Emelec. No acataba las disposiciones tácticas de Gustavo Quinteros. Por eso, el DT lo relegó a entrenarse con el equipo de reservas.

Tras una charla con el cuerpo técnico y la directiva del club, Bolaños dejó de lado su impuntualidad para convertirse en el goleador del equipo, con 19 tantos.

A inicios de temporada la directiva del club decidió extender su contrato –que era a préstamo por un año- hasta el 2016. Fue entonces cuando Quinteros habló con el jugador y ambos mejoraron su relación. El atacante viajó a Argentina con el resto de sus compañeros para realizar la pretemporada.

Ese respaldo dirigencial era el factor que le hacía falta a Bolaños para consolidarse en el fútbol ecuatoriano. Pedro Pablo Perlaza fue quien lo introdujo al deporte profesional. Él sostiene que el jugador era incomprendido en sus clubes anteriores.

Pasó por Barcelona, Liga de Quito y Chivas (MLS), antes de llegar a Emelec. La partida de Énner Valencia al fútbol mexicano le dio espacio a Bolaños en el equipo guayaquileño.

Rodrigo Figueroa, preparador físico del club, se encargó de apuntalar el rendimiento del atacante; él hacía que se quedara realizando media hora más de trotes para mejorar su musculatura.

Perlaza fue una de las personas que le ayudó a formar su carácter para que se acoplara a las exigencias que demanda ser futbolista. Él recuerda que siempre fue un jugador temperamental, no le gustaba que le llamaran la atención o que le ordenaran en la cancha.

Las cosas han cambiado y ahora Quinteros lo considera como el mejor jugador de su plantilla. El estratega extrañó al arponero durante los tres partidos que no disputó por una lesión, antes del final del Campeonato. “Es irreemplazable”, dijo entonces.

Este año la disciplina de Bolaños ha sido impecable. Llega temprano a Los Samanes y su relación con sus compañeros es muy cordial; Figueroa es quien lo recibe cuando llega a las prácticas, le da un abrazo y dispone lo que será su trabajo durante el día.

La entrega del esmeraldeño en los entrenamientos sorprende al profesional chileno. Él registra cada uno de sus movimientos con una cámara fotográfica, luego le enseña las imágenes y le recomienda algunos ‘tips’ para mejorar su postura y rendimiento.

Perlaza evita recordar al jugador que estuvo dos años fuera de las canchas por un resultado positivo que reflejó un examen de dopaje. Este escándalo casi acaba con su carrera cuando tenía 17 años y militaba en Barcelona. Durante esos días de octubre, el jugador se encontraba realizando un microciclo con la Selección ecuatoriana.

Parecía que esta experiencia lo haría superar su personalidad conflictiva; sin embargo, en Liga de Quito también generó controversia. Esteban Paz, colaborador del club quiteño, reveló que Miler discutía mucho con sus compañeros; él no tenía una buena relación dentro del camerino.

El entonces entrenador de Liga, Edgardo Bauza, confiaba mucho en Bolaños, era su juvenil habitual y quien marcó los dos goles que le dieron el campeonato al cuadro albo en el 2010, cuando superaron a Emelec. Sin embargo, el ambiente conflictivo que su presencia causaba en el camerino, incomodaba a la directiva.

Paradójicamente con quien más discutía era con su hermano Álex, que ese año también estaba en filas albas. Esos conflictos obligaron a que la dirigencia lo cediera en calidad de préstamo al Chivas de Estados Unidos.

Las peleas entre Miler y Álex se remontan a sus inicios en Caribe Júnior. Perlaza tuvo que separarlos en varias oportunidades porque se molestaban mucho. Pese a eso, el ‘Papi’ niega que ellos tengan una mala relación. “Fuera de la cancha son muy unidos y solidarios con la gente”.

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