13 de octubre de 2015 13:48

Bolivianos con el corazón dividido a seis cuadras del Atahualpa

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Evelyn Jácome

Cuando se le pregunta qué equipo resultará ganador, admite que su corazón está dividido. Jorge Prado, boliviano de 50 años, asegura que la mitad del partido de fútbol Ecuador -Bolivia apoyará al país donde nació y la otra mitad, a la tierra donde vive desde hace 30 años. Acá conoció a su esposa y nacieron sus tres hijos.

A seis cuadras del estadio Atahualpa, donde la tarde de hoy martes 13 de octubre del 2015, se llevará a cabo el partido por las eliminatorias al Mundial Rusia 2018, hay un espacio donde reina Bolivia.

En la Eloy Alfaro y Shyris funciona, desde hace 25 años, Satuco: un local de venta de empanadas bolivianas. Jorge es su propietario.

En el establecimiento, Cristina Villanueva, de 29 años, esposa de Jorge, y los cuatro empleados que trabajan allí, visten la camiseta Tricolor. Hablar de fútbol con ellos genera risas y bromas. Como buscando conciliación, la pareja dice que espera un empate, para que todos terminen contentos. Sin embargo, admiten que la condición de local de Ecuador y la falta de experiencia de algunos jugadores de Bolivia podrían mover la balanza hacia un lado.

Jorge llegó a Quito en 1985. Él, junto a sus padres y sus cuatro hermanos (dos hombres y dos mujeres), se instalaron en la capital, luego de que su papá fuese contratado por una empresa de calzado.

Aquí vivió su juventud y formó su familia
. Hace 10 años, sus padres y una de sus hermanas regresaron a su tierra natal. Pero Jorge y sus otros tres hermanos permanecieron aquí.

Este hombre confiesa que ama al Ecuador. Su gente, el idioma y la geografía le recuerdan a su país natal, pero extraña a sus amigos, a su familia.

Por eso buscó en su negocio algo que le recuerde a Bolivia. Satuco es un nombre común y popular en su país. "El indio boliviano es parte de la identidad del local. Por eso lo usamos en la marca", reconoce.

En Quito hay tres sucursales de las empanadas. Una pertenece a cada hermano. La segunda está en la Shyris y Río Coca, y la tercera en la Toledo, sector Floresta.

Jorge sostiene que el número de bolivianos que viven en la capital no es mayor. Cuenta que unas 20 personas coterráneas suyas lo visitan con frecuencia. De hecho espera su llegada la tarde del 13 de octubre del 2015 para ver el partido que será proyectado en una pantalla gigante en su local, desde las 16:00. "Ya con ellos la situación se pone buena. Ahorita son todos contra mí, pero ya llega mi refuerzo", bromea.

La ciudad donde Jorge nació se llama Cochabamba, un valle pequeño donde la temperatura en invierno alcanza los 0°C, y en verano, los 36°C. Cuando extraña mucho a los suyos toma un vuelo y los visita, esa es la ventaja, dice, de que los dos países no estén muy distantes.

El local está adornado con globos amarillos, azules y rojos. Jorge cuenta que antes tenía carteles bolivianos en las paredes, pero cuando las pintaron, los retiraron y no han podido reemplazarlos.

La empanada es uno de los platos tradicionales en Bolivia. Se la sirve sobre todo en la mañana. En el local venden siete tipos de empanadas. Las jugosas son de carne y pollo, también hay de queso, de manzana, de piña y de jamón con champiñones y queso. Cada una tiene masa diferente. Una de las más solicitadas son las 'pucacapa', que significa capa roja, y tiene queso con ají.

Se puede encontrar empanadas desde USD 1,80 por unidad, pero en días como hoy, de fiebre futbolera, hay promociones. Por cada dos empanadas, el cliente puede reclamar gratis una cerveza. Además, los martes y domingos por cada seis empanadas, recibe una gratis y por 13, se lleva tres gratis.

Jorge sabe jugar fútbol, pero admite que ese deporte no es el fuerte de su país. Allá practican con más pasión, dice, el frontón, un juego en el que participan cuatro personas (dos por equipo) y se lo conoce como pelota de mano. No obstante, mantiene la esperanza de que esta tarde su equipo haga un gol o no se deje hacer ninguno. Aunque observar un gol ecuatoriano tampoco le caería mal. Le encanta ver aplaudir y gritar de alegría a sus hijos y a su esposa.

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