5 de December de 2011 00:01

El toreo: una puerta cada vez más grande

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La excepcional corrida de los hierros fraternos de Huagrahuasi y Triana catapultó el toreo a las cotas más altas en la plaza de Iñaquito .

Con tres cuartos de entrada se lidaron cuatro toros de Huagrahuasi , de bondad superior los dos primeros y bravo y noble el quinto y dos de Triana, de buen juego el tercero y complicado el cuarto.

Una vez más, el absurdo reglamentario de la confirmación de alternativa sin la muerte del toro.

El torero francés Sebastián Castella firmó una grandiosa faena, la mejor de tantas que ha compuesto en Quito. Completó una actuación redonda de torería y temple. El primero de su lote y segundo de la tarde se llamó Gerolimpio, pesó 492 kg y tuvo una nobleza superior. Castella lo lanceó por verónicas a pies juntos y dibujó una excepcional media. La tersura fue la marca de las cuatro chicuelinas bellamente rematadas. Su subalterno Chacón brilló con los palitroques. Suave inicio de faena por alto con pase de pecho y forzado de cierre superiores. La huella de la faena fue el ritmo que supo imprimir Castella. La distancia perfecta en el trasteo inteligente, con las pausas que el noble y humillador toro pedía y templadas series de formidables derechazos y una colosal, de naturales. Pese al viento, el aguante en otra tanda con la mano izquierda puso excelencia a la faena que intentó rematar en toreo cercanías y celebrados circulares. Dos orejas para el mejor Castella que haya visto Quito y vuelta triunfal.

El cuarto, de Triana, acusaba una tendencia a huir de la pelea. Tras un buen par de San Martín y un torero gesto capotero del colocado Chacón, el torero de Beziers dio un pase cambiado en el tercio con su acostumbrada sangre fría. Los estatuarios pintureros fueron el prólogo muletero de un poderosa y templada faena que impedía que el toro atropelle el engaño. Al natural tres series, la final, de enorme dimensión, tersura y profundidad. Una oreja que supo a poco en función del inteligente y poderoso despliegue del diestro. Vuelta al ruedo.

El torero de Latacunga Diego Rivas saludó al buen toro, Bramadorcito de Triana, que se corrió en tercer lugar, por verónicas enlazadas con chicuelinas. Bien galleó Diego al llevar al toro a la cabalgadura de Manolo Almeida, el último hijo de la dinastía de “El Candelario” que se probaba en corrida de toros y cumplió. El Patatas recibió un fuerte varetazo en banderillas. Tras el brindis al torero francés tuvo una propuesta intermitente de entrega y voluntad.

El torero oriundo del Cotopaxi saludó con buenas verónicas a pies junto y una media de remate de sabor al quinto de la tarde, Retador, número 120, de 450 kilos, bien armado, bajo de agujas, bravo y noble. Peleó bien con la cara abajo en la buena vara de Hernán Tapia y humilló toda la faena con son, calidad y transmisión. Rivas fue muy aplaudido en el quite por zapopinas. Montera en mano se fue Rivas a una barrera para brindar a Cristina Sempere. En la montera, como sorpresas, iba un anillo de compromiso. La faena derechista tuvo la virtud de haber exhibido al gran toro. Tras el inicio de rodillas, Diego se estiró en templadas cuatro series por el excepcional pitón derecho. Bajó el tono de la faena al torear con la izquierda y culminó su labor nuevamente por el pitón derecho, rodillas en tierra, molinetes y manoletinas. La autoridad premió al toro con la vuelta al ruedo. Rivas salió al tercio a aplaudirlo y luego recibió con gran alegría las dos orejas simbólicas. En la vuelta al redondel su futura esposa salió a la arena para darle un beso en la boca.

Con sabia y reposada torería el mexicano Diego Silveti debutó como matador. Verónicas señeras y rotundo quite por gaoneras ante el noble Gobernadito de Huagrahuasi. Supo medir la falta de fuerza y dibujó el torero de Irapuato, Guanajuato un trasteo de tanto temple como lentitud superior. Extraordinarias series de derechazos y formidables forzados de pecho, molientes de hondura y ajustado final por bernadinas en un trasteo en el que hizo las cosas muy bien. Dos orejas.

El azteca, torero de dinastía, volvió a tener pasajes lucidos con el sexto, de buena estampa pero sin fuerza al que Braulio Almeida dejó una gran vara. El quite por saltilleras precedió a una faena con buenos momentos de calidad sobre ambos pitones. Oreja simbólica. Al final, Castella, Silveti, Rivas y el ganadero José Luis Cobo se fueron a hombros por una puerta más grande que nunca.

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