Seis orejas en la última corrida de la feria de Castellón

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EFE, Castellón

Un total de seis benévolas orejas -con salidas a hombros de Juan José Padilla y El Fandi- se cortaron, ayer 30 de marzo, en la última corrida de la feria de la Magdalena de Castellón, en la que hubo pocos argumentos artísticos destacables ante toros de escasa emotividad.

FICHA DEL FESTEJO

Seis toros de los hierros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez, muy desiguales de presentación y de juego noble y manejable pero de muy escasa emoción por su escasez de raza y de fuerzas.

  • El Cordobés: estocada (oreja); estocada tendida trasera (silencio).
  • Juan José Padilla: estocada (oreja con petición de la segunda); estocada delantera (oreja).
  • El Fandi: estocada caída (oreja); estocada baja (dos orejas).
  • Padilla y El Fandi salieron a hombros.
  • El aforo de la plaza se cubrió en algo más de su mitad.

FAENAS SIN OLÉS

De unos años a esta parte, la costumbre de los animados públicos de las ciudades en fiestas, y más con carteles como el de ayer en Castellón, es la de conceder orejas a los toreros a poco que medio se justifiquen ante el toro, como si buscaran compensar así el precio de la entrada.

Fue así como en la última de la feria de Castellón se concedieron un total de seis trofeos que, como resultado telegráfico, podrían dar engañosos indicios de la celebración de un festejo triunfal y cargado de emociones.

Pero más que las orejas, el mejor termómetro de la intensidad del espectáculo son los olés espontáneos que surgen a cada muletazo, a cada lance de capa, a cada suerte ejecutada. Y de esos hubo muy pocos hoy en el coso del Paseo de Ribalta. 

Básicamente porque la corrida de García Jiménez, tan desigual de presencia y tan noble de juego, tuvo una generalizada falta de raza, una insulsa manera de embestir que no transmitió emoción alguna alguna al tendido.

Pero tampoco cabe descargar en los toros todas las culpas de tanta insustancialidad, sino también a una terna que faenó a destajo con ellos, en trasteos de muy escaso ajuste y compromiso y sin apenas detalles de calidad y de una mínima hondura.

El Fandi, que hizo ante el sexto un despliegue de facultades físicas, probablemente mayores que las del toro, fue quien más orejas echó al esportón, un total de tres.

Pero, por mucho que clavara los palos con su habitual espectacularidad, que recibiera a los dos de su lote con largas cambiadas de rodillas y se luciera en un movido pero airoso quite por zapopinas, sus faenas de muleta no pasaron de ser una acumulación de pases anodinos con finales de vacíos efectismos.

Juan José Padilla, que paseó dos apéndices, acompañó en hombros al granadino después de cuajarle a su primer toro el mejor tercio de banderillas de la tarde, al menos el de más pureza y ajuste.

Animoso siempre y bullidor con el capote, el jerezano buscó los guiños al público con ese endeble ejemplar y sumó más y más muletazos lineales al quinto, el de mayor volumen y potencia de la corrida, hasta que el castaño acabó rajándose. Las dos buenas estocadas con que acabó con ambos fueron decisivas para el premio.

Pero la generosa derrama de orejas ya había comenzado con el primero de la tarde, un toro bonancible y terciadito al que El Cordobés hizo una faena periférica, por lo despegado de los muletazos, e itinerante, por sus abundantes pausas y paseos entre cada tanda.

Paradójicamente, y tal vez ocupado en la merienda, el público no le pidió luego la oreja del descastado cuarto, al que Manuel Díaz hizo un trasteo tan vulgar y ventajista como el que antes le habían premiado con entusiasmo.

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