7 de December de 2011 00:02

Final emotivo: Fandi y Fandiño a hombros

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Un triunfal cerrojo tuvo la Feria de Quito 2011 en medio de la polémica por la supresión de la suerte suprema y una manifestación de los toreros ecuatorianos por la libertad y contra la prohibición de la parte culminante de la lidia de toros bravos: la estocada.

Con tres cuartos de entrada en tarde fría con lluvia, durante la lidia del quinto y sexto toros, se corrieron seis toros de Vistahermosa, de variado juego y un séptimo, de regalo, para Iván Fandiño. Tras la lidia del quinto toro se efectuó la despedida del buen picador riobambeño Naún Salazar, quien debutó en 1990, y antes fue mozo de espadas. En medio de fuertes aplausos del público recibió el cariño de sus compañeros de las cuadrillas y una vuelta al ruedo.

David Fandila, El Fandi, sorteó un toro suelto, distraído y gazapón y con tendencia a las tablas, que cortó el viajo a los capotes de los subalternos. El torero granadino fue aplaudido en el segundo tercio -de su especialidad- mientras el público cantaba el Lindo Quito de mi vida. Se lució en un par al violín y el galleo donde hizo alarde de sus buenas facultades físicas. Poco pudo hacer con la muleta, donde cabe destacar un florido inicio de faena e intentos por ambos pitones. Petición de oreja, bronca al palco por negarla y saludos con ovación.

Suelto fue el toro corrido en cuarto lugar con el que El Fandi fue aplaudido en las chicuelinas y la revolera. El toro se enceló en el peto y el propio torero hubo de colearle. David encandiló a la multitud en un celebrado tercio de banderillas con superiores facultades y el consecutivo prendimiento de un par al violín y otro de exposición. Hizo Fandila un trasteo inteligente como producto de su oficio, tras brindar a Catalina Chiriboga, personera de Citotusa, y aprovechó el viaje del toro hacia la querencia y su tendenciosa embestida a tablas. Faena templada de muletazos a media altura por el lado derecho y una serie de naturales de buena factura y forzado de remate. El temple fue sello de la nueva tanda de en redondos, circulares, pases de pecho y forzados y enjundiosos pases antes de un desplante rodillas en tierra y un abaniqueo. El público reconoció la entrega de su labor muleteril y consiguió las dos orejas simbólicas.

Una vez más, por la inconsistencia reglamentaria, se efectuó la ceremonia de confirmación de Iván Fandiño. Era nuevo en esta plaza el torero vasco, de Orduña, Iván Fandiño que saludó de variada manera con talaveranas de capote al primero, un noble y humillador castaño con muchos kilos y poca fuerza. Le dio una buena lidia Juan José San Martín y dejó un buen par de palitroques Carlos López, el Diablo de Riobamba. Faena torera de empaque y calidad con excelentes tandas de derechazos de temple, en una labor llena de clacisismo y buenos conceptos por el mejor pitón del toro. Después de los adornos por bernadinas sufrió una voltereta y consiguió una oreja simbólica que paseó por el albero.

El quinto no fue propicio puesto que se estropeó la mano y se defendía, pese a lo cual Iván Fandiño se colocó en algunos muletazos de mérito. Brindó la lidia a la asambleísta de Pachakutik, Lourdes Tibán, presente en el tendido y quien bajó a saludar a los toreros al patio de cuadrillas antes de iniciar la corrida.

Fandiño decidió regalar al toro de reserva. Salió el séptimo para el torero vasco. Era de la ganadería colombiana de Juan Bernardo Caicedo, que fue distraído y careció de transmisión. Con él brillaron con banderillas Gabriel Caza y Carlos López. Construyó Fandiño un excelente trasteo pese a que al toro le costaba humillar con templadas series de sapiente toreo de manos bajas con magníficos pases con la mano derecha de relajo y torería. Tras el adorno con un molinete se fue a torear al natural. Alcanzó cotas altas en una buena tanda, antes de aguantar en otra tanda de porfía por ese pitón. Al señalar extrajo de su pecho una Bandera de Quito, a manera de muleta, gesto que recibió cariñosas muestras de respaldo. Oreja y vuelta triunfal.

El tercero en discordia era el torero de Badajoz, Alejandro Talavante, que venía precedido de una excelente campaña a inicios de año en México y en la temporada española. Nunca justificó su ausencia de Quito en el festival de abono. Se alivió en el primer toro de su lote, flojo de remos, al que le hizo un trasteo sobre ambas manos, al hilo del pitón, sin cruzarse, sin fibra ni entrega.

La faena al sexto de la tarde fue otra cosa muy distinta. Allí Talavante se mostró en su nueva proyección y concepción estética. El toro era serio, de respeto. Aprieta a tablas a Santiago Mateus y lo coge con fuerza rompiéndole el tabique y propinándole varetazos, por lo que pasó a la enfermería.

El torero de Badajoz inició su tarea de muleta con mayestáticos y pintureros estatuarios. Las tres tandas de derechazos fueron superiores. Temple, calidad, manos bajas marcaron el sello de la personalidad de Talavante antes de intentar el toreo al natural sin éxito y proponer una fase del toreo de cercanías de alta exposición y conexión con los tendidos que remató cuando el pitón de la res rozaba el muslo del torero. Oreja simbólica y vuelta al redondel.

De modo sorpresivo, cuando se efectuaba el receso al término del tercer toro de la tarde, bajaron desde los tendidos decenas de jóvenes con carteles alusivos a la defensa de la pureza de la fiesta en su integridad. A ellos se sumaron los toreros ecuatorianos, unos vestidos de calle, otros de luces y los picadores en sus caballos. Las ovaciones se escuchaban con fuerza en toda la plaza y la emotiva entrega del público fue el mejor testimonio del sentir de la afición quiteña por defender la fiesta que fue mutilada en su pasaje final.

A las ovaciones a los protagonistas de esta protesta se sumaron los gritos de rechazo que durante toda la feria dejaron escuchar miles de gargantas en Iñaquito. Bajaban de los tendidos altos donde se sitúan los aficionados con menos recursos, pero los de más numerosa presencia. Eran voces jóvenes que proclamaban libertad y cuestionaban a las autoridades políticas y de la ciudad.

La larga defensa de la fiesta en esta temporada se hizo presente en cada tarde. Y pese a que las taquillas no se agotaron como en otros años, el respaldo masivo de miles de espectadores se fundió con la final salida a hombros de Fandi y Fandiño, el broche de oro, en la Plaza de toros.

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