29 de April de 2012 03:31

Fernándes y Noelia Mota obtuvieron un trofeo cada uno

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La incontestable demostración de Diego Ventura, un portugués injertado en La Puebla del Río que cada vez está más cerca de coronar la cumbre del rejoneo, llenó de contenido una gris y lluviosa matinal de rejones que también tuvo su contrapunto trágico en la muerte del caballo Xelín, que tuvo que ser sacrificado después de ser corneado con saña por el segundo toro de la mañana.

La labor de Diego Ventura, marcada por la entrega y predisposición pero sobre todo por la precisión que preside su buen rejoneo hizo olvidar las terribles imágenes que se habían vivido algunos minutos antes, gracias a una actuación sobriamente espectacular pero sin renunciar a la garra que le ha caracterizado desde sus inicios.

Ventura salió determinado a triunfar y lo consiguió gracias al espectáculo trepidante que brindó desde que se asomó por la puerta de caballos. El más sólido aspirante al trono del rejoneo brindó a Rui Fernandes en consuelo por la pérdida de su caballo y se empleó en una labor que comenzó a dispararse en un ceñidísimo galope a dos pistas a lomos de "Nazarí".

Con esa misma montura, el joven maestro volvió loca a la plaza llevándose al toro de Fermín Bohórquez por todo el ruedo sin dejar de exponer nunca, dejándoselo llegar a milímetros de los pechos del caballo. Ése fue otro de los pilares de su valiosa labor: la entrega consciente, la apuesta constante y la tremenda pasión que imprimió a todos los tiempos de las suertes.

Su faena fue siempre a más y los embroques fueron siempre exactos, clavando en todo lo alto antes de emplear el rejón de muerte con certera prontitud que no admitía dudas: Las dos orejas eran de cajón.

Otro trofeo se llevaría el portugués Rui Fernandes, que vio recompensados de esta manera sus esfuerzos y su afán de superación después de perder al caballo "Xelín", que resultó derribado de salida y corneado brutalmente en el vientre.

Después del percance, el equino aún pudo incorporarse y emprender un alocado galope por el ruedo en el que se le salió todo el paquete intestinal. Era imposible revocar los daños sufridos y tuvo que ser sacrificado algunos minutos después.

El caso es que Fernandes logró calentar al personal, sobrecogido por las terribles imágenes de la tremenda cornada sufrida por el caballo y, superando lo que había pasado, se vino arriba en una actuación arriesgada, trufada de piruetas que puso al público en pie.

La cuarta oreja cortada en la mañana fue para la rejoneadora española Noelia Mota, que conectó rápidamente con los tendidos en una lucida labor que tuvo que luchar con el escaso celo de su enemigo, al que impuso sus ganas de ser y sobre todo una alegría contagiosa que prendió en el público. Mató con autoridad y cortó ese merecido trofeo.

Fermín Bohórquez se marchó de vacío aunque no pasó de sobrio y templado con el primero de la tarde, que le dejó estar en todo momento. Muchas más ganas mostraron los más jóvenes portugueses Joao Moura y Francisco Palha aunque el rejón de muerte emborronó sus entregadas actuaciones.

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