16 de May de 2012 17:25

Fandiño arranca una oreja en una tarde de toros mastodónticos y descastados

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La primera oreja de la feria de San Isidro en corrida de toros la cortó hoy Iván Fandiño, por una faena de arrestos y pundonor frente a un toro que apenas regaló embestidas, y sólo por el lado derecho, un triunfo de la ilusión, del querer a toda costa.


FICHA DEL FESTEJO.- Toros de "El Montecillo", grandes y desiguales; una "escalera" como se dice en la jerga, con más de cien kilos de diferencia entre algunos; de edades también muy variadas, con tres a punto de cumplir los cinco años, dos cuatreños y uno a dos meses de los seis años. Pero lo peor, la mansedumbre, a cual peor.

Los aplausos al arrastre del sexto habría que entenderlos más como un reconocimiento al torero que al toro.

Manuel Jesús "El Cid": estocada ligeramente trasera y tres descabellos (silencio); y pinchazo, estocada desprendida y descabello (silencio tras aviso).

César Jiménez: estocada desprendida y trasera, y descabello (palmas tras aviso); y tres pinchazos y media (silencio).

Iván Fandiño: pinchazo, otro hondo y descabello (silencio tras aviso); y estocada caída (oreja).

La plaza rozó el lleno en tarde agradable.
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HÉROE FANDIÑO, OTRA VEZ

Se iba la tarde en blanco y cargada de desesperación por la condición del ganado, de mucha romana y ninguna casta. No había forma de enjaretar dos lances, o dos muletazos, en condiciones. Ni dos ni uno. Con los toros llevando la cara por las nubes, o como mucho a media altura. De apagadas embestidas, o bruscos y distraídos, incluso directamente huidos.

Los que más se movieron, caso del segundo, sin chispa alguna; o el tercero, brutote y rebrincado; incluso el sexto, el del triunfo de Fandiño, que tampoco tuvo finales, ni mucho menos eran  para poder cortarle una oreja. Menos aún se prestaron los otros tres.

Habría que preguntarse después de presenciar tan desigual y mastodóntica corrida si el ganadero o los toreros a través de sus apoderados o veedores, o la propia empresa, pudieron calcular las posibilidades de que embistiera. Con esos tipos, decididamente no. Como muestra, el cuarto y el sexto, hubieran sido "el toro de la carretera", pitones aparte -el encierro tuvo "leña" para pasar el más duro invierno transalpino-, por su descomunal alzada.

El toro que no se inmuta en los cites, o da marcha atrás, desentendiéndose. Como el que abrió plaza. Al Cid le tocó correr detrás de él, en lugar de a la inversa, y en una de esas huidas casi sale el torero por los aires, arrollado. El cuarto, sin fijeza, parecía que iba a tomar los engaños pero no terminó de humillar y se paró enseguida. El Cid estuvo lo que se dice impotente, taurinamente hablando.

A César Jiménez le tocó en primer lugar un animal chochón, o pajuno, términos que definen en la jerga al toro que va y viene pero sin ningún celo, sin la mínima sensación de peligro. Con éste hubo un toreo pulcro, aunque no se puede decir que correcto del todo pues faltó "transmisión". El quinto, otro buey, quería tropezar el engaño y al verse vencido se negó. Más manso no cabe.

Fandiño tampoco tuvo tela que cortar con el descompuesto tercero, al que quiso dar distancia para mostrar la sinceridad de su estilo, pero la respuesta del semoviente fue tardar en dar la vuelta o desentenderse directamente. Un inesperado malabarismo del toro en forma de volatín acabó con el proyecto de faena.

Y, por fin, el sexto. Tomó bien el capote. Pero se fue del caballo en los dos encuentros. Claro que no iba a ser cosa del toro. Fue el torero quien puso todo. El corazón de Fandiño por delante.

Muy comprometido el torero vizcaíno, lo entendió muy bien por el lado derecho, a base de tragar y aguantar las terribles tarascadas que volaban como centellas. Héroe Fandiño, otra vez. El único que no pasó miedo en la plaza fue él. Y así se hizo con la situación.

Faena corta pero muy emotiva. Insistió hasta lo indecible para arrancarle al toro los pocos muletazos que tenía, algunos, por el derecho, sorprendentemente buenos. Todo el mérito, del torero. Así se lo reconoció la plaza, premiándole con la oreja a pesar también de que la colocación de la espada no fue del todo buena. Un triunfo que abunda en el buen crédito de Fandiño en Madrid.

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