28 de julio de 2014 00:00

Pese a todo, Adame abrió la puerta grande en Santander

foto: esteban cobo/ agencia efe

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Juan Antonio Sandoval, EFE
Quito

El matador mexicano Joselito Adame, que hacía su presentación en Santander, abrió el viernes una Puerta Grande de poco peso, tras cortar una oreja a cada toro de su lote, en una tarde de fiasco ganadero.

Se lidiaron toros de Alcurrucén, bien presentados y de pésimo juego. Mansote que salía de los engaños con la cara por arriba, el “chico” primero; apretando hacia los adentros a arreones y con “carbón”, el segundo; se movió por el pitón derecho, sin clase, el larguísimo tercero; agarrado al piso, el cuarto; el quinto, un mulo; sexto, parado y también mansón.

Manuel Jesús “El Cid”: pinchazo y estocada contraria sin puntilla (silencio); y pinchazo, estocada hasta la empuñadura y un descabello (silencio tras aviso). Paco Ureña: estocada caída (silencio); y tres pinchazos, estocada habilidosa y tres descabellos (silencio tras aviso). Joselito Adame: estonazo tendido y dos descabellos (oreja tras aviso); y estocada desprendida (oreja).

La plaza rozó el lleno en los tendidos en la tradicional Corrida de Beneficencia, sexto festejo del abono santanderino.

En la jornada de Santiago, y cierra España, los titulares de prensa son para el diestro mexicano Joselito Adame, que abrió una puerta grande de poco peso específico, tras salir a oreja por toro.

El tercero, largo como un velatorio transilvano, se repuchó en el caballo, del que salió embistiendo a oleadas y con andares de buey. Enroscarse aquella anatomía en la cintura debía ser como hacerlo con una pitón, así que Adame aprovechó la movilidad desclasada del animal por el pitón derecho para conducirlo en línea y a su aire. Le buscó las vueltas y se las encontró, sobre todo en el primer tramo de una faena que fue de más a menos. El cañonazo con el estoque, a pesar de los dos golpes de verduguillo posteriores, desataron la alegría en unos graderíos repletos y festivos, y se abrió la primera hoja de la puerta grande.

Con un público dispuesto a aplaudir cualquier atisbo de lucimiento, el azteca buscó la oreja que le faltaba a base de molinetes, giros desde los costillares y martinetes, ante el deslucido sexto. Otro espadazo, fuerte petición y trofeo.

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