18 de febrero de 2017 00:00

Estudiar, una obligación en los tricolores Sub 17

Los jugadores de la Sub 17, en uno de los entrenamientos en la cancha 2 de la Casa de la ­Selección.

Los jugadores de la Sub 17, en uno de los entrenamientos en la cancha 2 de la Casa de la ­Selección. Foto: Patricio Terán/El Comercio

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David Paredes
Redactor (D)

En la Selección Sub 17 hay normas estrictas de convivencia impuestas por el cuerpo técnico. A los jugadores se les restringió el uso de Internet y de celulares. Esto, con el objetivo de que la convivencia y la concentración sea total. La única tecnología a la que tienen acceso es un PlayStation en el que se turnan para jugar videojuegos.

El DT Gonzalo Alcocer ha sido claro. Está convencido de que en este tipo de torneos juveniles la concentración es clave y sus pupilos tienen más facilidades para distraerse. Una de ellas son las redes sociales y el WhatsApp. Por eso, al inicio de la concentración pidió a toda la plantilla que entregase sus celulares y su tabletas.

“En esto de la tecnología hay pros y contras. Es clave que los muchachos estén concentrados. Sobre todo a estas edades en las que hay más factores de distracción. Una de ellas es el celular. En el cuerpo técnico hemos dosificado la restricción del celular. Queremos que ellos se vayan adaptando a las exigencias que conlleva ser profesional”, dice el preparador de arqueros Hólger González.

Ademas, una de las condiciones para ser seleccionado es que todos los convocados estén estudiando. Esto no es opcional. Los 23 convocados han presentado su matrícula y certificados de que están cursando sus estudios secundarios.

Según González, la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) pidió un permiso en todos los colegios de los convocados para que se pudieran ausentarse de las clases. Eso sí, con la condición de que a su regreso se igualen en todas las asignaturas.

Juan Contreras
, marcador­ izquierdo de la Tri y del Clan Juvenil, asegura que estar concentrado y estudiando es un verdadero reto. El futbolista está cursando quinto curso y sus padres han buscado la forma de que no se desi­guale en deberes y exámenes. Ellos le llevan los libros a la Casa de la Selección para que no pierda el año.

“Mis padres han sido una ayuda importante en mi corta carrera futbolística. Me traen los libros a la concentración y me toca trasnocharme un poco haciendo deberes”, dice Contreras, quien tiene esa facilidad porque es quiteño.

Otros seleccionados que juegan en clubes de Guayaquil, Manta, Machala, Ambato, Ibarra... se las ingenian para ponerse al día en las tareas escolares. Sus padres y hermanos son el nexo entre ellos y los profesores.

Kevin Sambondino, volante de la Tri y de River Ecuador, agradece el permiso que le dieron en su colegio en Guayaquil. A él le entregaron una guía de estudios y temas que debe investigar antes de reincorporarse a las clases. En la Tri no hay tutores, cada jugador es responsable.

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