20 de agosto de 2017 00:00

El ecuavóley reúne a los indígenas de Salinas

En las canchas de la parroquia Salinas se reúnen los jugadores de diversas comunidades del occidente de Bolívar. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

En las canchas de la parroquia Salinas se reúnen los jugadores de diversas comunidades del occidente de Bolívar. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Redacción Sierra Centro

El ecuavóley es la segunda actividad recreativa después del fútbol que se práctica en la parroquia Salinas del cantón Guaranda. Los indígenas y campesinos juegan en canchas de tierra y cemento, ubicadas desde los 3 500 hasta los 4 500 metros sobre el nivel del mar. Los partidos se desarrollan después de las labores agrícolas, ganaderas y productivas.

Raúl Infante, cabildo de la comuna Matiaví-Salinas, explica que los martes y sábados es cuando se realizan los juegos en el centro parroquial. Esos días de feria arriban los productores de las 22 comunidades de Salinas. Además de comerciantes de las parroquias Guanujo, Guaranda y del cantón Echeandía, ubicada en el subtrópico de Bolívar.

El dirigente comenta que la mayoría de partidos son apostados y van desde los USD 10, 30 y 100. El cruce de apuestas depende del interés del cotejo y jugadores. “Las dos canchas de cemento son el espacio ideal para desarrollar esta actividad. Los aficionados pueden ubicarse en los extremos y en los graderíos que fueron construidos en la última remodelación de la plaza”, indica Infante.

Los jóvenes del Centro de Turismo Comunitario (CTC) son los que alquilan las redes y pelota para los juegos. Los equipos que utilizan los implementos deben cancelar USD 5.

Según Frank Toapanta, presidente del CTC, los juegos en los días de feria empiezan desde las 11:00 hasta las 17:00. Los grupos de indígenas arriban a la cancha cargando una maleta, en donde guardan las zapatillas de lona, botella con agua y camisetas. Otros llegan con costales llenos de víveres o productos agrícolas.

“Es un punto de reunión no solo para el juego sino para hacer negocios, conversar sobre la familia, los problemas de la comunidad o distraerse por un momento”, asegura Toapanta.

El pasado martes, un grupo de guías turísticos nativos con indígenas de la comuna Verdepamba se enfrentaron. Las más de 30 personas que estaban en la plaza bromeaban y se ubicaron en un extremo de la cancha. Los experimentados jugadores conversaban en español y kichwa. En la cancha contigua jugaron los equipos de la comunidad San José de Natawa con Matiaví.

Juan Aucatoma es uno de los experimentados de Natawa. Él con sus vecinos y amigos juegan en una cancha de tierra en el centro de la comunidad, ubicada a 4200 metros de altitud. Una de las dificultades en el juego es el fuerte viento que proviene desde el volcán Chimborazo y el polvo que levantan al momento de desplazarse por la cancha.

“Debemos estar alertas cuando la pelota pasa la red porque el volador con un pequeño desvío y el viento nos puede anotar un punto. Jugar en el centro de Salinas es difícil porque hay buenos jugadores”, indica Aucatoma.

Las principales aficionadas del ecuavóley son las mujeres que se encargan de elaborar canastos, llaveros, sombreros y aretes de paja. Los pendientes tienen modelos de estrellas, corazones y cuadrados.

El grupo se encarga de tejer los ponchos, suéteres, gorros o guantes con la lana mientras los hombres juegan. Los hermanos Marco y Édgar Mazabanda son asiduos deportistas. Los trabajadores, que elaboran turrones con miel, azúcar, yema de huevos y maní, cuentan que los martes logran entre USD 50 y 100 en los partidos.

“Nos gusta jugar y apostamos para ganar. Hemos estado en canchas de Guaranda y Echeandía donde los compañeros son exigentes y tiene buen técnica”, explica Marco.

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