14 de octubre de 2014 20:22

Las 5 lecciones que deja la paliza a El Salvador

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Alejandro Ribadeneira. Comentarista. @guapodelabarra

Ecuador, al menos en el primer tiempo, cumplió con lo que se esperaba, que fue dominar al rival, ponerlo de rodillas con tres goles y listo. En el segundo llegaron dos más y chao. No hay más historia y esto ratifica lo que ya sabíamos: la Tricolor tiene equipo para dar pelea, para imponerse sobre los teóricamente (y prácticamente) más débiles pero no para ganar la Copa América ni mucho menos.

Hay partidos para probar jugadores, cotejos cuya única utilidad es la oportunidad para ver a los nuevos, a los que buscan un espacio. El duelo con El Salvador es de aquellos, aunque sigue siendo poco recomendable que se insista en dos jugadores que no son protagonistas en sus equipos (Erazo y Castillo) y que se nota su falta de juego. ¿No sería mejor probar, ya que estamos, a los que sí tiene regularidad? Además, no todos los nuevos lo hicieron bien a pesar del rival. Plata se lució con sus goles. Sornoza estuvo activo y dio muchos pases, pero también estuvo pasado de revoluciones, buscando la falta y la tarjeta. Jonathan González falló y no pudo mostrar lo que viene haciendo en Independiente; fue el peor del once inicial. En fin, estos son los cotejos para despabilarse.

Lo de Enner es, simplemente, fenomenal. Si estaban buscando al reemplazo del Tin, pues Enner dice que dejen de añorarlo. Este jugador rompió los esquemas y adaptó su juego para ponerlo al servicio de la Tricolor. Enner es la gran esperanza de los ecuatorianos de un futuro batallador. Ojalá no se ponga a mandar selfies. Ojalá se mantenga recto, enfocado, sin redes sociales que todo lo pudren.

Es inevitable referirse al entrenador interino. ¿Debe quedarse? Las cuentas no lo ayudan. Con él se ganó a Bolivia y El Salvador, pero no a Brasil ni a Estados Unidos. Para ir al Mundial, hay que ganar a los segundos. No hace falta decir nada más.

El homenaje a Iván Hurtado resultó demasiado frío. Poca gente, a destiempo, lejos de Ecuador, un rival disminuido, un momento inadecuado matizado por la crisis y un debate entre el ego y el deber ser. Quizás era mejor, ya que El Salvador fue un esparrin escuálido, llevar a Kaviedes, Cevallos, Guerrón y otros históricos del 2002 y despedirlos en combo. De una vez.

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