8 de marzo de 2016 16:02

El tenis, un deporte que tampoco escapa a la lacra del dopaje

La tenista Maria Sharapova se dirige a los medios de comunicación con respecto a una prueba de drogas fracasado en el Abierto de Australia en el LA Hotel Downtown el 7 de marzo de 2016 en Los Ángeles, California. AFP

La tenista Maria Sharapova se dirige a los medios de comunicación con respecto a una prueba de drogas fracasado en el Abierto de Australia en el LA Hotel Downtown el 7 de marzo de 2016 en Los Ángeles, California. AFP

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Agencia AFP

Aunque los escándalos no son tan frecuentes como en el atletismo o en el ciclismo, el tenis también ha resultado afectado por varios casos de dopaje, entre los que destacó el de Mariano Puerta antes del de Maria Sharapova.

Sorprendente finalista de Roland Garros en 2005, el argentino Mariano Puerta dio positivo por anabolizante tras su derrota ante 'Rafa' Nadal. Dado que aquella se trató se su segunda infracción, la sanción fue particularmente dura: ocho años de suspensión (reducida más tarde a dos años)

Los dos últimos casos relevantes se produjeron en 2013. El croata Marin Cilic fue suspendido nueves meses por haber ingerido estimulantes "por descuido", cuando ocupaba el
puesto 24 en la clasificación ATP. Alegó haber consumido unas tabletas de glucosa cuyo contenido exacto desconocía.

Cilic reconoció su error y basó su defensa en la ausencia de intención de dopaje, una actitud que parece ser la misma de Maria Sharapova en sus primeras declaraciones.

El Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) redujo la pena a cuatro meses. Al año siguiente, Cilic conquistó en el US Open su único trofeo de Grand Slam.

El serbio Viktor Troicki, ganador de la Copa Davis en 2010, fue castigado 18 meses por haberse negado a someterse a un control sanguíneo en el Torneo de Montecarlo, aunque también se benefició de una posterior rebaja de su sanción a un año por considerar el TAS que su falta "no era significativa".

Quince años de suspensión
Pero la tentación del dopaje no afecta sólo a los tenistas de élite. En la actualidad ocho jugadores y jugadoras de todas las categorías cumplen sanción por dopaje, entre ellos el estadounidense Wayne Odesnik, suspendido hasta 2030 por reiteración.

Y tampoco es una situación que afecte sólo a los hombres. La búlgara Sesil Karatantcheva fue suspendida en 2006 por ingesta de esteroides cuando sólo contaba con 16 años. La española Nuria Llagostera fue sancionada por consumo de metanfetamina.

La escasez de controles hizo que durante mucho tiempo las sospechas recayeran sobre el deporte de la raqueta. Pocos fueron los casos que salieron a la luz en el siglo XX. El del checo
Petr Korda, finalista de Roland Garros en 1992, y ganador del Abierto de Australia en 1998 fue una de las escasas excepciones.

Otros tenistas como el sueco Mats Wilander dieron positivo por consumo de cocaína, una sustancia utilizada con fines recreativos. También fue ese el caso de la suiza Martina Hingis en 2007. Traumatizada, la jugadora helvética puso fin a su carrera individual.

Desde hace 12 años el tenis se ha puesto al día con los estándares mundiales, adhiriéndose a la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en 2004, y adoptando el pasaporte biológico en 2013.

Lo que no impide que figuras del deporte como Roger Federer reclamen medidas adicionales. "Siempre podemos hacer más. (Los controles) deberían ser más frecuentes, con más medios. Los jugadores deben sentir que van a ser controlados, lo que les impedirá tener pensamientos estúpidos. Siempre me sorprendo tras una final cuando me digo 'pero dónde están los controladores'", afirmó el suizo en noviembre.

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