10 de marzo de 2017 00:00

Gabriel Riofrío viaja en el tiempo con sus camisetas

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Redacción Deportes

Su armario está lleno con 95 camisetas originales. Gabriel Riofrío las colecciona desde que cumplió 15 años. Todo comenzó cuando su papá le regaló la camiseta original del Chelsea, modelo 2010.

El propósito era que Gabriel la usara en los entrenamientos. Por supuesto que lo hizo la primera vez, pero después sintió que no podía hacerle eso al Chelsea.

"Te caes, te jalan, se percuden al lavar". Así que la guardó e inició su colección. Tiene las camisetas titulares y alternas de los equipos de fútbol más importantes del mundo. Sobre todo le interesan los uniformes de las selecciones que se clasifican a los Mundiales.

Gasta entre USD 80 y USD 100 mensuales en una adquisición. Algunas le llegaron por obsequio de Navidad o cumpleaños. El resto las adquiere con dinero de sus ahorros, pues el fútbol es una pasión que heredó de su papá, Agustín Riofrío, y de su hermano mayor, David, quien tiene gran devoción por el balompié.

Para Gabriel, las camisetas son el recuerdo de una experiencia en cancha. "En ellas se impregnan sentimientos, identidad y esfuerzo. Es más que un producto textil, es una máquina de tiempo".

Jugaba en los torneos barriales, en el colegio y hasta intentó entrenarse en Liga Deportiva Universitaria de Quito, pero a causa de una lesión prefirió “bajarle de tono”.

Lo que sí hace es "desayunar, almorzar y merendar fútbol". Todos los días sin excepción disfruta junto a su hermano de los partidos de las ligas mundiales, incluso de los cotejos de la segunda categoría.

Al inicio, su familia lo apoyaba sin ningún cuestionamiento. Tendría unas 10 en el armario, después comenzó a aumentar la afición. Ya no era una decena, sumaba 20, 30 y los comentarios empezaron. Recuerda las palabras de su mamá, Ximena Figueroa: "Mejor cómprate ropa, zapatos". O los consejos de su hermano: "Con todo el dinero que gastas en camisetas ya tendrías un carro". Pero a él no le importa, porque vive feliz sin auto y con el armario lleno.

Ha visitado México, Panamá, Argentina, Perú y Colombia para comprar sus camisetas. Entre 2015 y 2016 adquirió 25 de ellas. No desaprovecha los viajes, también guarda con recelo los balones de los Mundiales. Posee 13, el primero es del mundial en México de 1970 hasta el último que se disputó en Brasil en el 2014.

Ha pensado en abrir un museo con todas las camisetas y balones. Desea dejar un legado a sus hijos, nietos... Dice que su afición va para largo, "yo quiero comprar camisetas hasta que me muera".

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