15 de abril del 2016  00:00

Mónica Cajamarca superó los obstáculos y correrá en Río 2016

Mónica Cajamarca junto a sus hijas Sofía y Doménica. Ayer, la atleta olímpica hizo un leve entrenamiento en el estadio de Cazhapata. Foto: Manuel Quizhpe/ EL COMERCIO

Mónica Cajamarca junto a sus hijas Sofía y Doménica. Ayer, la atleta olímpica hizo un leve entrenamiento en el estadio de Cazhapata. Foto: Manuel Quizhpe/ EL COMERCIO

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Manuel Quizhpe

Su hija de ocho meses, Sofía Loja, se aleja, la siente como extraña en su regreso a casa. Por su viaje a Viena, Austria,
Mónica Cajamarca dejó de amamantarla. La niña tuvo que adaptarse al biberón por más de una semana.

Se siente en deuda con Sofía y su hija mayor, Doménica, de cinco años. Supone una debilidad de su parte, porque "toda madre debe estar cerca de sus hijos". Pero, no quiso desaprovechar la última oportunidad que tuvo en Viena, el pasado domingo, para obtener el cupo a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Piedad Illescas, progenitora de la atleta de 1,46 metros de estatura, la cuestiona en ese sentido. No comparte que lleve a sus nietas a las carreras en Quito y Guayaquil. La campeona nacional de los 10 000 metros suele ir a toda competencia con sus hijas y su esposo, Santiago Loja. Incluso piensa llevarlos a Brasil, en agosto próximo.

Tras la obtención del cupo olímpico, Illescas se siente orgullosa de su última hija y se culpa por no haberla apoyado. En su niñez y juventud, luego de hacer las tareas estudiantiles, la atleta ayudaba a su madre en la crianza de vacas, borregos, cuyes, pollos...

Cajamarca, por su trabajo, no comparte el tiempo que quisiera con sus hijas. Es asesora de crédito y recuperadora de cartera en la Cooperativa Jep, sucursal de la parroquia El Valle, en Cuenca. Labora de 08:00 a 18:00. En el receso de mediodía almuerza con las niñas y su esposo.

Lorena Rodas, jefa de la maratonista, la califica como empleada responsable que cumple con sus obligaciones.
"Es tranquila y bromista". En esa entidad labora siete años. La dirigencia gestionará una licencia para que ella pueda entrenarse a doble jornada antes de ir a Río de Janeiro.

La oficina está a 10 cuadras de su vivienda de dos pisos. Una vez finalizada sus actividades se dirige al hogar y comparte unos minutos con sus pequeñas. Se cambia de ropa y se dirige a las prácticas en el parque de La Madre, en Cuenca, de 19:30 a 22:00.

José Quizhpe, entrenador de atletismo del Colegio Manuel Garaicoa de Calderón, la recuerda con afecto. "Era una alumna inteligente", no asistía constantemente a entrenar porque vivía lejos, pero siempre ganaba las carreras de 1 500, 3 000 y 5 000 metros en los intercolegiales.

Por la falta de apoyo de sus padres, después de casada empezó a entrenarse. Su marido fue quien, un año después del primer parto, la inculcó a que corriera. "Al principio lo hice por complacerle, pero eso nos unió más y empecé a tomarlo en serio".

Loja siempre confió en las condiciones atléticas de su esposa. El problema fue la falta de dinero para viajar al exterior y descubrir su potencial. A escala nacional se destacó en pruebas como la Huarmi Runer.

Hace dos semanas, previo a su estreno internacional vivió toda una aventura. Invirtió sus ahorros y las utilidades que recibió en su trabajo, pidió una tarjeta de crédito, buscó auspicios… El apoyo llegó del Municipio de Cuenca y de la Cooperativa Jep.

Su pasaje aéreo y del entrenador, Adrián Torres, costó
USD 2 400 de Quito hasta España y viceversa. Para abaratar precios tomaron un vuelo de tres horas de Madrid a Bratislava (capital de Eslovaquia), cuyo valor fue de USD 200 por persona. De allí viajaron 90 minutos en bus para llegar a Viena.

La atleta cuencana llevó, en su maleta, arroz, fideo, atún, pan... Compró pollo y huevos en Viena. Ella se preparó los alimentos. No llegó a ningún hotel, sino a la casa de unos amigos del estratega.
Su incursión en el atletismo fue en el 2010. Llegó a Viena con una experiencia de tres maratones. Todas las corrió en Guayaquil. El 2011 fue sexta (3:04,00), el 2012 terminó primera (3:03,00) y el 2013 quedó cuarta (2:58,00).

Su entrenador, Adrián Torres, la define como una atleta de fortaleza mental. Su dirigida retomó los entrenamientos en septiembre del 2015, tras su segundo parto. Allí se planteó clasificarse a Río.

Cumplido el reto inicial, Cajamarca sueña con llegar entre las
15 mejores en Río. En la Maratón de Viena mejoró
20 minutos su marca anterior. Ahora pretende bajar aún más el tiempo de 2:37,58.

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